LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Saturday, July 01, 2006

El rostro transparente

La fortaleza mental de un jugador de fútbol puede entreverse en los instantes previos al lanzamiento de un penalti. Basta fijarse en su rostro: no engaña. Los futbolistas ni son ni tienen por qué ser actores, esto es, rara vez logran fingir el grado de autoconfianza en un momento decisivo. Lo mismo le sucede a casi cualquiera.
Por ello resulta grato al espectador de este Mundial de Alemania ese ejercicio que recrea en el reflejo ajeno de los sentimientos los de uno mismo. La mueca de sonrisa del veterano Cafú, de Brasil, mientras escucha el himno de su patria con una mano en el corazón y la otra en la cabecita de un niño; la del jugador argentino que yerra el primer penalti contra Alemania en los cuartos de final; la de su compatriota después de fallar el otro, el decisivo, o, en fin, la de Villa justo antes de marcar el gol a Francia, ilustran lo que sienten de verdad. No hay máscaras que lo encubran. La cuestión reside en que, de acuerdo con esa revelación de su estado mental, así responden en su cometido. Villa, Ronaldo o Zidane han mostrado un rasgo común antes de sus recientes éxitos: la confianza. Cada uno a su manera ha conseguido esa facultad. Ninguno sin pagar un precio por ella, porque la madurez brota del sufrimiento.
Un buen ejemplo puede ser Ronaldo, la gran estrella brasileña. Sólo un reparo a su capacidad de superación: la inexorable entrega al sistema mundial del mercado. Pero eso no puede reprochársele ni a él ni a ningún otro deportista: mejor si el empleado también puede enriquecerse. Integrado, como todo hijo de vecino, en la sociedad de su tiempo, ha sabido superar sucesivas lesiones del tendón rotuliano de su rodilla y otras tantas operaciones. Una limitación accidental muy grave. Como él mismo confiesa, ha debido luchar contra una legión de periodistas y personas de su entorno que le dieron por perdido para siempre. Su imagen llorosa al caer fulminado con la camiseta del Inter de Milán representó, para muchos, su despedida definitiva del deporte que le ensalzó e hizo famoso en todo el mundo. Los médicos refutaron las tesis más pesimistas sobre su futuro. Sólo él, en realidad, creyó en su recuperación.
Tiene razón el cronista de El País, Santiago Segurola (parece que la nueva dirección del rotativo le destinará, en breve, a la sección de Cultura como Redactor Jefe), en su reflexión de que Ronaldo ha pagado el precio de la lesión al dejar de ser un jugador que desequilibra el juego desde cualquier posición del campo. Pero que, como contrapartida, conserva la capacidad de golear. De rematar la jugada que otros (él ya no) elaboran. No es un mal balance después de dársele por perdido: en este Mundial ya se ha convertido en el máximo goleador de la Historia de los campeonatos del Mundo.
La casta de Cafú; la seguridad de Ronaldo; la ansiedad del grupo español, aún demasiado joven... Se trata de algunos retazos de circunstancias reconocibles en la vida de toda persona. "En el fútbol aprendí la Leyes de los hombres", reza una frase de Albert Camus, quien amaba este deporte y llegó a practicarlo como portero. No le faltan razones a personas de la actualidad, como Jorge Valdano, Javier Marías o el propio Segurola para hacer del fútbol un motivo de discusión filosófica. No hablamos, pues, de Ciencia. Sí de Humanismo.

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