LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

Name:
Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Sunday, April 04, 2010

Demasiados peligros

Leo las memorias de Pedro J. Ramírez (El desquite) y, la verdad, no sé si me dan ganas de seguir su ejemplo, aunque sea ésta una proyección vanidosa e imaginaria por el momento, claro está. En verdad, los "campeones del Periodismo" que se lanzan con temeridad a descubrir grandes tramas corruptas tienden a ser víctimas de sí mismas. Al mismo tiempo, hay algo de romanticismo y, desde luego, de valía profesional en ellos que incita a imitar sus gestas a quienes todavía sueñan con un Periodismo que vaya más allá de "procesar información" día tras día, teletipo tras teletipo.

Cuenta Pedro J. cosas que ya se sabían antes de su entrega o crónica, por lo general centrada en el famoso vídeo que le hicieron, por cierto, demostrando una vileza y bajeza moral más que preocupantes. Por ejemplo, el fin del programa de Pepe Navarro, La sonrisa del pelícano, a cuenta de impedir que la canallada padecida por el director de El Mundo sirviese, además, para que otros "hiciesen negocio".

Todo este mundo se me antoja siniestro, desagradable y estéril. Para colmo, tras esas luchas despiadadas lo que se escondía tenía que ver con los GAL. Da la sensación de que, pese a todo, ese periódico ha cumplido en parte con el deber que se le presupone a un medio de comunicación en un país democrático. Pedro J. soportó las consecuencias, pero precisó para ello de apoyos al más alto nivel. Demasiado peligro, demasiado vértigo. Con lo a gusto que se está en la Redacción, o en el Himalaya, sin más pretensión que el rigor informativo o el toque literario de la crónica...

Saturday, January 23, 2010

Los anhelos del oficio

Hace tiempo que compro El País y empiezo a darme cuenta de que el periodismo es mucho más amplio que un gran diario. Por eso, con relativa frecuencia me hago con otra cabeceras a las que no estoy suscrito pero que, en todo caso, tampoco me resultan desconocidas.

Por otra parte, en Internet la diversidad es tal que hace falta cierta fidelidad a lo conocido para no perderse en la maraña de ediciones digitales relacionadas con la profesión o, mejor dicho, con el oficio. Hablando de éste, hace poco conversábamos entre colegas sobre el perfil del reportero de guerra, el enviado especial o el corresponsal. Y se percibía una vieja devoción -tan vieja como el oficio- por la aventura mezclada con la profesión. Recuerdo que eso mismo captaba la que fue mi profesora de Opinión Pública, en cuarto de carrera, cuando recordaba sus años de estudiante: a la Universidad se iba no para investigar o hacer carrera académica. Se iba a obtener la acreditación más o menos oficial que daba paso al periodismo aventurero al servicio de un medio. Ella, claro está, siguió la ruta opuesta. Y, como doctora y profesora, no dejaba de contemplar con curiosidad y algo de anhelo la vocación del periodismo aventurero, que yo también vi y sigo viendo en algunos.

No mucho tiempo después me dejé cautivar por los discursos y las charlas de grandes periodistas de esta cuña, por ejemplo los de Fernnado Múgica, de El Mundo, y de Ramón Lobo, de El País. Y descubrí de primera mano cómo, para ellos, el oficio era una forma de vida y no un medio de ganársela. Habría que reparar, no obstante, en los atisbos de vocación periodística que emanan otros colegas y que se relacionan con otros aspectos del oficio, y no necesariamente con grandes aventuras. Puede tratarse de inquietudes por la vida política, la marcha de la economía, la sanidad o los vestidos de moda. Lo curioso es que, tarde o temprano, esas otras vocaciones reconocen en el corresponsal aventurero la esencia de lo que profesionalmente aman. Más parece que unos y otros buscamos el mismo tipo de anhelos aunque sea por diferentes caminos. A veces, puede que ni siquiera haga falta andar ninguna senda. Sólo deternerse y contemplar la que pisamos.

Friday, September 11, 2009

Pseudoperiodismo

Enciendo la televisión más por hastío que por voluntad, cosa poco habitual en mí desde hace tiempo, y me encuentro al menos dos canales en los que la famosa Belén Esteban centra la atención de los espectadores. En efecto, poco antes he podido leer en El País una noticia relativa a ella. Como todo españolito de seguro conoce, por alguna razón el Defensor del Menor ha intervenido -o piensa hacerlo: lo siento, en realidad no me interesa lo más minimo- en la vida de la famosa por una supuesta vulneración de los derechos de su hija, menor de edad.
Me recuerda todo ello la asignatura de Derecho de la Información, que impartía en la facultad en que estudié un lúcido hombre de letras. En sus clases, nos pasábamos todo el tiempo analizando sentencias que fallaban a favor o en contra de famosos que reclamaban su derecho al honor y a la intimidad, cosa que no siempre estaba clara cuando se analizaba cada caso. Supongo que aprendimos lo suficiente como para saber distinguir, cuando se ejerce la profesión, qué se debe y se puede hacer y qué no cuando uno da cobertura a un hecho concreto.
La verdad es que no sabe uno qué pensar. Aparece esta mujer en la pantalla y puede uno ver a un ser humano que sufre y que hace sufrir. O sea, lo que uno ve en estos programas tan poco instructivos no es sino una espiral de sufrimiento pensada y ejecutada para mover el dinero, como tantas otras actividades crueles e ilícitas que proliferan por esa misma razón. No cabe duda de que la economía capitalista, la que predomina desde hace décadas en todo el mundo y sobrevive a cualquier crisis sistémica o estructural de su fundamento, nos permite llegar a lo mejor y a lo peor de nosotros mismos. De nosotros depende no apegarnos a su dinámica salvo en lo que nos favorece desde un punto de vista práctico para la vida. Comencemos por no contribuir al pseudoperiodismo televisivo. No sirve de nada.

Friday, September 04, 2009

Lo que oculta el periodista

Recobro el pulso de la actualidad informativa a partir de este mes de septiembre. En el panorama político español, las "escuchas" que denuncia el Partido Popular parecen acaparar la atención de los medios. En realidad y como todo el mundo sabe, son los propios políticos quienes sirven a los periodistas la noticia, por lo general de manera interesada.
No he seguido con detalle la trama de corrupción que denuncia el partido del Gobierno central y que no duda en asociar al principal partido de la oposición. Parece probada -los medios de comunicación manipulan, pero no inventan- la existencia de prácticas políticas irregulares en las filas del PP. Nada nuevo bajo el sol y nada, desde luego, de lo que esté desprovisto el PSOE o cualquier otra formación con cierto rango representativo en el Parlamento. El juego nace cuando esas tramas se filtran a los medios para debilitar al adversario, como ha sucedido en este caso, si no lo he entendendido mal, con el diario El País...
Ahora bien, ¿es lícito desde la ética del periodista aceptar esa información filtrada? En mi opinión no sólo es legítimo, sino que éste se encuentra obligado a publicar lo que cae en sus manos si se trata de un delito. ¿No es ésa acaso la esencia del Periodismo?: "Vigilar a las instituciones", creo recordar de mi etapa como estudiante. Cosa distinta es que la empresa, no el periodista, ordene seguir unas directrices contra viento y marea y, lo que es peor, se empeñe en demostrar lo que le conviene aunque dé con pruebas de la hipótesis contraria. A esto se aproxima tal vez el empeño de El Mundo (¿siguen con ello?) de vincular al Ejecutivo que preside Zapatero con los terribles atentados del 11 de marzo de 2004 en la capital... En fin, muchos podrían hablar largo y tendido sobre estos dilemas con que lidian algunos periodistas casi a diario. Y así lo hacen, como es natural, por medio de libros o de publicaciones que no les comprometan...

Tuesday, March 17, 2009

Poderoso caballero

Hablan sobre Solbes en un debate de televisión, en una de esas cadenas minoritarias que, por lo que compruebo, se dirigen a un público sin duda interesado por la actualidad política, económica y social. En suma: por lo que cuentan los periodistas.
En ese escenario, veo a Fernando Jáuregui no muy a gusto con su colega Edurne Uriarte. Recuerdo asistir a algún seminario de ésta sobre terrorismo. También he leído lo escrito por aquél en algun libro que otro; por ejemplo, uno sobre el presidente Zapatero en el que se le apoda como "el rojo". No sé por qué, pero se me antoja más cabal la voz radiofónica de Jáuregui, y menos verosímil lo argumentado por Uriarte. Veo más independencia de juicio en el periodista que en la profesora...
Luego uno cambia de canal y se topa con El gato al agua, donde la imparcialidad brilla por su ausencia. Con todo, cualquier foro de discusión puede dar algo bueno al espectador, del mismo modo que todo libro, incluso el muy malo, siempre guarda algo bueno (Umberto Eco dixit). Mejor en todo caso que La Noria... (por cierto: ¿qué hace un periodista serio como Enric Sopena en ese programa? Poderoso caballero es don dinero).

Sunday, March 15, 2009

El Periodismo

Veo que José Javier Santos, el periodista especializado en deportes, acaba de publicar un libro sobre sus andanzas en el oficio. Recuerdo escucharlo hace años en El Penalty, un programa de radio que hacía las delicias de mi amigo Antonio y las mías propias. Por entonces no era consciente de mi verdadera vocación, que está muy próxima a la de este periodista, o acaso es la misma.
Ahora soy, en efecto, periodista, sólo que especializado en política sanitaria. Por eso dudo por un instante si se trata del mismo trabajo que el de J.J. Sin duda así es.
Con el tiempo uno comprende, o más bien constata, que el Periodismo no es sólo una manera más de ganarse la vida. También es una forma de vida. El problema estriba en confundir esa forma con la identidad, con quien uno es en verdad. No podemos identificarnos con nada mundano sin arriesgarnos a poder caer subsumidos por ello. Por la sencilla razón de que ese "ello" no somos nosotros.
Por lo demás, trabajar como periodista brinda una excelente oportunidad de relacionarse con gente y con uno mismo, e incluso de amar lo que se hace por cuanto nos recuerda quiénes somos de verdad, no de mentira. Sólo en este sentido cabe deducir que el Periodismo es un oficio maravilloso, aunque no tanto como "el más maravilloso", como dijo el célebre Albert Camus...

Tuesday, March 10, 2009

Libertad en televisión

No pocas veces se critica el sistema político que rige en España. Se habla de la desigualdad injusta de la Ley D'Hont, por ejemplo, o de la escasa participación del ciudadano, a quien sólo se le consulta una vez cada cuatro años para que elija el partido que desea para el Gobierno.
Sin embargo, ese viejo dicho de que una democracia como la española responde al "menos malo de los sistemas posibles" a mí me parece que se aproxima a la realidad del mundo que contemplamos. El mismo que los periodistas nos obstinamos en analizar, escudriñar e interpretar, en ocasiones para servir los intereses de una empresa (no los de los ciudadanos pero tampoco los nuestros).
Quizá no debería tacharse de ilusoria la sensación de que, pese a todo, la sociedad española goza de una libertad que ya la quisieran para sí los habitantes de otras naciones. Por ejempplo, los de un país occidental y que fue parte de España: Cuba. Al cubano le deja boquiabierto la televisión en nuestro país. Y no sólo por su desmesura y amarillismo. Le asombra la libertad de expresión.