LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Tuesday, March 25, 2008

Fujimori se duerme

Me advierte mi compañera, que ríe, cómo acaba de ver en la web de un periódico las imágenes de Fujimori durmiéndose frente al juez. Uno no deja de preguntarse, después de la sonrisa malévola, cómo puede sentirse aquél exento de culpa. Y entonces aparece una ingenua hipótesis en el horizonte: Fujimori no se muestra relajado, sino desesperado, tal vez absorto por los efectos de la medicación ansiolítica prescrita por su médico...

La realidad hace enseguida comprender cómo la maldad se manifiesta con toda naturalidad en el hombre que la cultiva. No se comprende de otro modo, en una persona sana, la absoluta ausencia de arrepentimiento o titubeo ante las propias acciones merecedoras de reproche, teñidas del color que desvela falta de ética y de moral. Todo ello sin necesidad alguna de acudir al credo religioso o de otra índole: basta con el sentido común.

Viene a la memoria de quien escribe un ejemplo paradigmático de dictador, el de Fidel Castro, que dista mucho de poder compararse al de Fujimori. Quienes conocen a uno y otro desde un punto de vista histórico, incluso científico, por fuerza trazarán una línea de separación entre ambos. Cosa distinta es que, con el tiempo, Castro haya perdido su identidad originaria. La cuestión estriba en deslegitimar ésta no sólo ahora, sino también cuando el contexto geopolítico y cultural parecía dotarla de un sentido humanitario y salvífico. Se trata de un modelo teórico enfrentado a su puesta en práctica. Tal vez la no-acción de los budistas permita salir de este escollo... Quién sabe cómo.

Monday, March 24, 2008

Formidable verdad

Entre los venenos de la mente más conocidos, reza la sabiduría oriental, se hallan la envidia y los celos. Puede añadirse la autocomplacencia para combatirlos, a saber: "Mal de muchos, consuelo de tontos", y otros dichos (éstos, occidentales) de parecida índole. Una vez más recurro al pensamiento de Unamuno: ¿cómo puede alguien querer no ser él mismo, sino otro, cuando debería horrorizarle no el hecho de ser quien es, sino ese "no ser" que parece anhelar? Y, sin embargo, caemos con frecuencia en ése y otros venenos del alma.

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Hoy ha vuelto a los noticieros televisivos el intento de boicot de los Juegos Olímpicos de Pekín y, como trasfondo, el conflicto atípico de Tíbet. Atípico desde un punto de vista superficial, claro está, porque nada nos parece más próximo a los españoles que la incursión de fuerzas separatistas en un Estado constituido. Claro que no puede compararse nuestro ordenamiento institucional con el de China. Pese a ello, hablamos de una potencia que, de hecho, forma parte del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo que explica la reticencia de las otras potencias a condenar, como mínimo, la ausencia de transparencia informativa en esa región tibetana.
"Algo tendréis cuando os matan", nos decía un profesor de Sociología en la carrera de Periodismo. O bien, como en este caso, "cuando os echan". Se trata del poder de dejar que los hechos hablen por sí solos. Un poder que forma parte de la naturaleza, reacia a los intentos de contención por parte del hombre, sin duda ridículos al lado de su formidable avance como así lo demuestra el paso del tiempo. "No se pueden poner puertas al campo", recuerda otro dicho consabido. Ni al campo ni a la verdad de los hombres.

Sunday, March 23, 2008

La no violencia

El Dalái Lama llama a la rebelión pacífica y evoca la figura histórica de Gandhi. Y el prestigioso columnista de El País Domingo (el suplemento integrado en este diario cada fin de semana) Timothy Garton Ash, lo defiende e incluso explica por qué resulta tan necesario que los países occidentales lo arropen como que, en caso alguno, se proceda a un boicoteo de los próximos Juegos Olímpicos (JJ OO) en Pekín.

Me dice F. que éstos, por lo general, tienden a identificarse con un evento exento de connotaciones políticas. Uno, desde su ignorancia, cree no obstante en su intuición: ¿cómo no van a estarlo? ¿alguna actividad humana, máxime un acto organizado a gran escala, puede interpretarse sin una lectura política? Por supuesto que no.

Haro Tecglen, al que cito con relativa frecuencia en este blog, definía a la persona apolítica como aquella que, en definitiva, renunciaba a enfrentarse a la realidad (si se quiere ser más preciso consúltese el diccionaro que publicó hace algunos años). No parece desencaminado, en efecto, que quien niega todo interés por la política peca de ignorante o, en el peor de los casos, de resentido con la vida de los hombres.

Si vuelvo al Dalai Lama, objeto inicial de esta entrada del blog, se confirma cómo la sabiduría oriental en absoluto rehúye la actividad política. Este líder religioso habla de la renuncia total en caso de proseguir el Estado chino con su brutal represión en Tíbet. Ejerce la política como lo hizo Gandhi, es decir, por medio de la no violencia. Ésa es la naturaleza descontaminada del hombre político. El problema reside en que éste se aleja casi siempre de aquélla. Así sucede cada vez que se recurre a la represión. Y nadie gana con ello.