Fujimori se duerme
Me advierte mi compañera, que ríe, cómo acaba de ver en la web de un periódico las imágenes de Fujimori durmiéndose frente al juez. Uno no deja de preguntarse, después de la sonrisa malévola, cómo puede sentirse aquél exento de culpa. Y entonces aparece una ingenua hipótesis en el horizonte: Fujimori no se muestra relajado, sino desesperado, tal vez absorto por los efectos de la medicación ansiolítica prescrita por su médico...
La realidad hace enseguida comprender cómo la maldad se manifiesta con toda naturalidad en el hombre que la cultiva. No se comprende de otro modo, en una persona sana, la absoluta ausencia de arrepentimiento o titubeo ante las propias acciones merecedoras de reproche, teñidas del color que desvela falta de ética y de moral. Todo ello sin necesidad alguna de acudir al credo religioso o de otra índole: basta con el sentido común.
Viene a la memoria de quien escribe un ejemplo paradigmático de dictador, el de Fidel Castro, que dista mucho de poder compararse al de Fujimori. Quienes conocen a uno y otro desde un punto de vista histórico, incluso científico, por fuerza trazarán una línea de separación entre ambos. Cosa distinta es que, con el tiempo, Castro haya perdido su identidad originaria. La cuestión estriba en deslegitimar ésta no sólo ahora, sino también cuando el contexto geopolítico y cultural parecía dotarla de un sentido humanitario y salvífico. Se trata de un modelo teórico enfrentado a su puesta en práctica. Tal vez la no-acción de los budistas permita salir de este escollo... Quién sabe cómo.
La realidad hace enseguida comprender cómo la maldad se manifiesta con toda naturalidad en el hombre que la cultiva. No se comprende de otro modo, en una persona sana, la absoluta ausencia de arrepentimiento o titubeo ante las propias acciones merecedoras de reproche, teñidas del color que desvela falta de ética y de moral. Todo ello sin necesidad alguna de acudir al credo religioso o de otra índole: basta con el sentido común.
Viene a la memoria de quien escribe un ejemplo paradigmático de dictador, el de Fidel Castro, que dista mucho de poder compararse al de Fujimori. Quienes conocen a uno y otro desde un punto de vista histórico, incluso científico, por fuerza trazarán una línea de separación entre ambos. Cosa distinta es que, con el tiempo, Castro haya perdido su identidad originaria. La cuestión estriba en deslegitimar ésta no sólo ahora, sino también cuando el contexto geopolítico y cultural parecía dotarla de un sentido humanitario y salvífico. Se trata de un modelo teórico enfrentado a su puesta en práctica. Tal vez la no-acción de los budistas permita salir de este escollo... Quién sabe cómo.
