Un reto, no un problema
Leo con rapidez en El País cómo a Fernando Savater le ha seducido la lectura, a su vez, de un libro escrito por un profesor que define la docencia como una actividad "desde la trinchera". Pienso en la infancia, y rememoro el sacrificio y la exasperación de muchos de mis maestros de escuela (no por mí, desde luego: era por otros).
Que la profesión del maestro, del enseñante de infantes y adolescentes, responde a un oficio duro como los haya, no parece novedad alguna. Pero que se haya ido a peor; que se prime la falta de respeto o que se consienta el triunfo de la desfachatez no parece muy sensato.
Con todo, tengo la intuición de que se cumple la máxima de que "nada hay nuevo bajo el Sol". Es decir, considero probable que, en otras épocas y lugares, el problema de la educación del menor se solventara con más dificultades todavía. Incluso cabe pensar que, en efecto, la democratización de la enseñanza sea una consigna contemporánea y, sus problemas, un inconveniente pasajero del progreso. En otras palabras: la civilización no avanza si no tropieza. Se trata, pues, de afrontar el reto de la Humanidad en nuestro siglo.
Que la profesión del maestro, del enseñante de infantes y adolescentes, responde a un oficio duro como los haya, no parece novedad alguna. Pero que se haya ido a peor; que se prime la falta de respeto o que se consienta el triunfo de la desfachatez no parece muy sensato.
Con todo, tengo la intuición de que se cumple la máxima de que "nada hay nuevo bajo el Sol". Es decir, considero probable que, en otras épocas y lugares, el problema de la educación del menor se solventara con más dificultades todavía. Incluso cabe pensar que, en efecto, la democratización de la enseñanza sea una consigna contemporánea y, sus problemas, un inconveniente pasajero del progreso. En otras palabras: la civilización no avanza si no tropieza. Se trata, pues, de afrontar el reto de la Humanidad en nuestro siglo.
