Pseudoperiodismo
Enciendo la televisión más por hastío que por voluntad, cosa poco habitual en mí desde hace tiempo, y me encuentro al menos dos canales en los que la famosa Belén Esteban centra la atención de los espectadores. En efecto, poco antes he podido leer en El País una noticia relativa a ella. Como todo españolito de seguro conoce, por alguna razón el Defensor del Menor ha intervenido -o piensa hacerlo: lo siento, en realidad no me interesa lo más minimo- en la vida de la famosa por una supuesta vulneración de los derechos de su hija, menor de edad.
Me recuerda todo ello la asignatura de Derecho de la Información, que impartía en la facultad en que estudié un lúcido hombre de letras. En sus clases, nos pasábamos todo el tiempo analizando sentencias que fallaban a favor o en contra de famosos que reclamaban su derecho al honor y a la intimidad, cosa que no siempre estaba clara cuando se analizaba cada caso. Supongo que aprendimos lo suficiente como para saber distinguir, cuando se ejerce la profesión, qué se debe y se puede hacer y qué no cuando uno da cobertura a un hecho concreto.
La verdad es que no sabe uno qué pensar. Aparece esta mujer en la pantalla y puede uno ver a un ser humano que sufre y que hace sufrir. O sea, lo que uno ve en estos programas tan poco instructivos no es sino una espiral de sufrimiento pensada y ejecutada para mover el dinero, como tantas otras actividades crueles e ilícitas que proliferan por esa misma razón. No cabe duda de que la economía capitalista, la que predomina desde hace décadas en todo el mundo y sobrevive a cualquier crisis sistémica o estructural de su fundamento, nos permite llegar a lo mejor y a lo peor de nosotros mismos. De nosotros depende no apegarnos a su dinámica salvo en lo que nos favorece desde un punto de vista práctico para la vida. Comencemos por no contribuir al pseudoperiodismo televisivo. No sirve de nada.
Me recuerda todo ello la asignatura de Derecho de la Información, que impartía en la facultad en que estudié un lúcido hombre de letras. En sus clases, nos pasábamos todo el tiempo analizando sentencias que fallaban a favor o en contra de famosos que reclamaban su derecho al honor y a la intimidad, cosa que no siempre estaba clara cuando se analizaba cada caso. Supongo que aprendimos lo suficiente como para saber distinguir, cuando se ejerce la profesión, qué se debe y se puede hacer y qué no cuando uno da cobertura a un hecho concreto.
La verdad es que no sabe uno qué pensar. Aparece esta mujer en la pantalla y puede uno ver a un ser humano que sufre y que hace sufrir. O sea, lo que uno ve en estos programas tan poco instructivos no es sino una espiral de sufrimiento pensada y ejecutada para mover el dinero, como tantas otras actividades crueles e ilícitas que proliferan por esa misma razón. No cabe duda de que la economía capitalista, la que predomina desde hace décadas en todo el mundo y sobrevive a cualquier crisis sistémica o estructural de su fundamento, nos permite llegar a lo mejor y a lo peor de nosotros mismos. De nosotros depende no apegarnos a su dinámica salvo en lo que nos favorece desde un punto de vista práctico para la vida. Comencemos por no contribuir al pseudoperiodismo televisivo. No sirve de nada.

1 Comments:
Humilde reflexión.
Un saludito...
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