Libertad en televisión
No pocas veces se critica el sistema político que rige en España. Se habla de la desigualdad injusta de la Ley D'Hont, por ejemplo, o de la escasa participación del ciudadano, a quien sólo se le consulta una vez cada cuatro años para que elija el partido que desea para el Gobierno.
Sin embargo, ese viejo dicho de que una democracia como la española responde al "menos malo de los sistemas posibles" a mí me parece que se aproxima a la realidad del mundo que contemplamos. El mismo que los periodistas nos obstinamos en analizar, escudriñar e interpretar, en ocasiones para servir los intereses de una empresa (no los de los ciudadanos pero tampoco los nuestros).
Quizá no debería tacharse de ilusoria la sensación de que, pese a todo, la sociedad española goza de una libertad que ya la quisieran para sí los habitantes de otras naciones. Por ejempplo, los de un país occidental y que fue parte de España: Cuba. Al cubano le deja boquiabierto la televisión en nuestro país. Y no sólo por su desmesura y amarillismo. Le asombra la libertad de expresión.
Sin embargo, ese viejo dicho de que una democracia como la española responde al "menos malo de los sistemas posibles" a mí me parece que se aproxima a la realidad del mundo que contemplamos. El mismo que los periodistas nos obstinamos en analizar, escudriñar e interpretar, en ocasiones para servir los intereses de una empresa (no los de los ciudadanos pero tampoco los nuestros).
Quizá no debería tacharse de ilusoria la sensación de que, pese a todo, la sociedad española goza de una libertad que ya la quisieran para sí los habitantes de otras naciones. Por ejempplo, los de un país occidental y que fue parte de España: Cuba. Al cubano le deja boquiabierto la televisión en nuestro país. Y no sólo por su desmesura y amarillismo. Le asombra la libertad de expresión.

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