LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Friday, December 15, 2006

Hambre o sumisión

Creo que hay una cualidad necesaria para dedicarse con provecho a cualquier tipo de actividad académica o intelectual: la humildad. Sin ésta poco puede aprenderse de la nobleza de la vida y del propio hombre, aunque sí mucho de las tretas que dan acceso a una vida acomodada en su sentido más primario e instintivo. Cosa que, claro está, no puede despreciarse sin más cuando uno sabe del hambre que padecen millones de personas en todo el planeta. Cabe, pues, preguntarse por la posibilidad de ser un hombre "humilde y errante", como se definía don Pío Baroja, sin renunciar al combate en que se convierte "la lucha por la vida" (como tituló este novelista vasco una de sus famosas trilogías novelescas), un escenario en el que la humildad se convierte en un estorbo intolerable.
Me consta que personas a las que he admirado en algún momento, como el periodista, ya fallecido, Eduardo Haro Tecglen o incluso el famoso ex jugador de fútbol Jorge Alberto Valdano, han planteado el dilema del que hablo reduciéndolo a una elección ineludible en nuestra sociedad capitalista: o sumisión, o libertad con hambre. Ellos mismos han dado muestras de haber escogido, como todo hijo de vecino, la primera opción. Pero no creo en las actitudes absolutas. También ellos han reflejado (o al menos yo lo he apreciado durante años) la libertad que su trayectoria profesional y vital previas les han permitido.
En efecto, Haro escribió durante mucho tiempo lo que le vino en gana, es decir, pudo ser él mismo, en su columna diaria (salvo los domingos) del periódico El País (que llevaba por título Visto/Oído y se ubicaba en la sección dedicada a la radio y a la televisión). No dudo de que, como, no sin saña, se dedicó a recordar César Alonso de los Ríos durante una visita que hizo a mi promoción de Periodismo en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, Haro escribió "los artículos más fachas" imaginables, sin duda afectos al régimen franquista. Pero, ¿cuándo lo hizo y por qué? La respuesta cae por su propio peso para los conocedores de su biografía: durante la dictadura del General Franco y por presiones que tal vez rebasaran las de que peligrara su puesto de trabajo.
Tampoco parece improbable que sucediera lo mismo, en lo que a los periodistas y el poder político se refiere, en el corto periodo de la Segunda República española (1931-1936), tal y como ha expuesto en un congreso reciente (así como en un libro que acaba de publicarse) Justino Sinova, catedrático de Periodismo de mi Universidad. Y, de aquí hacia atrás en el tiempo, incluyendo el turbulento siglo XIX, casi prefiere uno no añadir siquiera alguna cosa, al menos en lo que atañe a España.
Viene a cuento todo esto del conocimiento progresivo que acumulo de la profesión periodística, y, en general, del funcionamiento de la civilización en que cohabito y no sé si convivo, pues no son conceptos intercambiables. Alguna persona queda con la que puede uno convivir, siempre dando por hecho que eso ya sucede con la familia de uno, novia o compañera sentimental incluida.