Éxtasis en el Auditorio
Escucho con F. la 5ª sinfonía de Beethoven en el Auditorio Nacional. Con qué soberbio dominio la interpreta la orquesta. El director desafía el desorden al que tiende la vida y, con seguridad orgiástica, ordena y manda sobre la melodía, a su vez y al tiempo furiosa y armónica.
Pocas veces puede uno sentir ese estímulo para la vida. Desaparece con él todo atisbo de melancolía y hasta la incertidumbre deja paso a una asombrosa escenificación de la seguridad en uno y en cuanto sucede alrededor. Claro que Beethoven poco tiene (nada) de melancólico o deprimente en sus composiciones. Todo lo contrario. Expresa, sin duda, la rabia de la rebelión humana. Ésa de la que tanto habla Camus en sus ensayos y novelas.
Pocas veces puede uno sentir ese estímulo para la vida. Desaparece con él todo atisbo de melancolía y hasta la incertidumbre deja paso a una asombrosa escenificación de la seguridad en uno y en cuanto sucede alrededor. Claro que Beethoven poco tiene (nada) de melancólico o deprimente en sus composiciones. Todo lo contrario. Expresa, sin duda, la rabia de la rebelión humana. Ésa de la que tanto habla Camus en sus ensayos y novelas.
