Resignación evitable
Lee uno el periódico y el suplemento dominical y se topa, de pronto, con la "Ética de la caca", de Javier Cercas. No se trata de una broma grosera, sino del título de un excelente artículo por lo que guarda de transparencia y honestidad de su autor para consigo mismo y, por ende, para con el lector.
Cercas resume el sinsentido de la vida en la acción del padre de "limpiar, lavar y echar a la intemperie del mundo" al hijo que tanto desea. Y, en el mejor de los casos, de que, con el tiempo, los papeles se inviertan y sea el hijo quien haga de padre y así "limpie, lave y eche a la intemperie de la muerte" a su progenitor.
Tampoco olvida el articulista el "martirio" al que la sociedad cristiana clásica, y también moderna (¿habrá otras formas de cristianismo?), condena a la mujer, quien suele ser la que "limpia, lava y huele la caca", a menudo horrenda, del anciano, en tanto que la del bebé (que esperemos no le toque también a ella seguir limpiando) desprende un olor "a geranios".
Creo que Cercas escribe desde el hastío vital y, al mismo tiempo, a partir del hartazgo ante las injusticias inevitables, pero también de las que pueden eludirse. Esto es, no podemos impedir la vejez y el fin de la vida. Sí podemos (y debemos) luchar para cambiar el mundo. Comenzemos por el reparto de la carga con la mujer. Se acabó el tiempo de absurda resignación al sufrimiento.
Cercas resume el sinsentido de la vida en la acción del padre de "limpiar, lavar y echar a la intemperie del mundo" al hijo que tanto desea. Y, en el mejor de los casos, de que, con el tiempo, los papeles se inviertan y sea el hijo quien haga de padre y así "limpie, lave y eche a la intemperie de la muerte" a su progenitor.
Tampoco olvida el articulista el "martirio" al que la sociedad cristiana clásica, y también moderna (¿habrá otras formas de cristianismo?), condena a la mujer, quien suele ser la que "limpia, lava y huele la caca", a menudo horrenda, del anciano, en tanto que la del bebé (que esperemos no le toque también a ella seguir limpiando) desprende un olor "a geranios".
Creo que Cercas escribe desde el hastío vital y, al mismo tiempo, a partir del hartazgo ante las injusticias inevitables, pero también de las que pueden eludirse. Esto es, no podemos impedir la vejez y el fin de la vida. Sí podemos (y debemos) luchar para cambiar el mundo. Comenzemos por el reparto de la carga con la mujer. Se acabó el tiempo de absurda resignación al sufrimiento.

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