Formidable verdad
Entre los venenos de la mente más conocidos, reza la sabiduría oriental, se hallan la envidia y los celos. Puede añadirse la autocomplacencia para combatirlos, a saber: "Mal de muchos, consuelo de tontos", y otros dichos (éstos, occidentales) de parecida índole. Una vez más recurro al pensamiento de Unamuno: ¿cómo puede alguien querer no ser él mismo, sino otro, cuando debería horrorizarle no el hecho de ser quien es, sino ese "no ser" que parece anhelar? Y, sin embargo, caemos con frecuencia en ése y otros venenos del alma.
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Hoy ha vuelto a los noticieros televisivos el intento de boicot de los Juegos Olímpicos de Pekín y, como trasfondo, el conflicto atípico de Tíbet. Atípico desde un punto de vista superficial, claro está, porque nada nos parece más próximo a los españoles que la incursión de fuerzas separatistas en un Estado constituido. Claro que no puede compararse nuestro ordenamiento institucional con el de China. Pese a ello, hablamos de una potencia que, de hecho, forma parte del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo que explica la reticencia de las otras potencias a condenar, como mínimo, la ausencia de transparencia informativa en esa región tibetana.
"Algo tendréis cuando os matan", nos decía un profesor de Sociología en la carrera de Periodismo. O bien, como en este caso, "cuando os echan". Se trata del poder de dejar que los hechos hablen por sí solos. Un poder que forma parte de la naturaleza, reacia a los intentos de contención por parte del hombre, sin duda ridículos al lado de su formidable avance como así lo demuestra el paso del tiempo. "No se pueden poner puertas al campo", recuerda otro dicho consabido. Ni al campo ni a la verdad de los hombres.
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Hoy ha vuelto a los noticieros televisivos el intento de boicot de los Juegos Olímpicos de Pekín y, como trasfondo, el conflicto atípico de Tíbet. Atípico desde un punto de vista superficial, claro está, porque nada nos parece más próximo a los españoles que la incursión de fuerzas separatistas en un Estado constituido. Claro que no puede compararse nuestro ordenamiento institucional con el de China. Pese a ello, hablamos de una potencia que, de hecho, forma parte del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Lo que explica la reticencia de las otras potencias a condenar, como mínimo, la ausencia de transparencia informativa en esa región tibetana.
"Algo tendréis cuando os matan", nos decía un profesor de Sociología en la carrera de Periodismo. O bien, como en este caso, "cuando os echan". Se trata del poder de dejar que los hechos hablen por sí solos. Un poder que forma parte de la naturaleza, reacia a los intentos de contención por parte del hombre, sin duda ridículos al lado de su formidable avance como así lo demuestra el paso del tiempo. "No se pueden poner puertas al campo", recuerda otro dicho consabido. Ni al campo ni a la verdad de los hombres.

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