Escritura, literatura y periodismo
No se cansa uno de leer a Salvador Pániker (Cuaderno Amarillo) como no se cansa él, casi seguro, de escribir como un acto volitivo y natural. Justo así lo definió Álvaro Mutis durante una conversación con una periodista que se publicó en Babelia, el suplemento cultural de El País, el pasado sábado: la escritura como un hecho tan espontáneo como la respiración. Libre de ataduras, incluso exento de disciplina, aunque en esto el periodista difiere, me temo, del literato.
La cuestión, en todo caso, pasa por la revelación de los grandes escritores como Dostoievsky de que no hay mejor receta para escribir que plasmar lo que uno observa a su alrededor. Y poner lo que se ve sobre el papel, como hablar o comunicarse con otra persona o ser vivo, responde a una actividad inherente a la vida humana. Carece el escrito personal, pues, de todo misterio: sólo requiere del ánimo, necesidad o ímpetu para llevarlo a la práctica. Como ya cité en su momento de Gabriel García Márquez, "el que pueda vivir sin escribir, que no escriba". No se trata más que de disfrutar con lo que se hace; los reconocimientos, méritos o consecuciones pasan a un segundo o tercer plano. Y si éstos vienen, lo harán siempre y cuando se cumpla la primera premisa: la vocación literaria y/o periodística. Dos vertientes de una misma necesidad. La primera, no obstante, mucho más reveladora de autenticidad por cuanto suele hacerse sin esperar algo a cambio.
La cuestión, en todo caso, pasa por la revelación de los grandes escritores como Dostoievsky de que no hay mejor receta para escribir que plasmar lo que uno observa a su alrededor. Y poner lo que se ve sobre el papel, como hablar o comunicarse con otra persona o ser vivo, responde a una actividad inherente a la vida humana. Carece el escrito personal, pues, de todo misterio: sólo requiere del ánimo, necesidad o ímpetu para llevarlo a la práctica. Como ya cité en su momento de Gabriel García Márquez, "el que pueda vivir sin escribir, que no escriba". No se trata más que de disfrutar con lo que se hace; los reconocimientos, méritos o consecuciones pasan a un segundo o tercer plano. Y si éstos vienen, lo harán siempre y cuando se cumpla la primera premisa: la vocación literaria y/o periodística. Dos vertientes de una misma necesidad. La primera, no obstante, mucho más reveladora de autenticidad por cuanto suele hacerse sin esperar algo a cambio.

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