Autenticidad de la escritura
¿Y sobre qué escribo? Quien se hace esta pregunta, sin ser analfabeto (cosa que no deshonra a nadie: sí, en cambio, a los responsables políticos del reparto desigual de los derechos y obligaciones), claro que puede y sabe escribir sobre cualquier cosa. Sólo que no lo necesita. Ni, casi seguro, disfruta de ello.
Hago esta reflexión fugaz al recordar la frecuencia de esa interrogante entre quienes escuchan con interés (o sin él) la afición de escribir de manera habitual. García Márquez, si mal no recuerdo, llevó a este terreno una conclusión bastante manida respecto de las vocaciones en general: "El que pueda vivir sin escribir, que lo haga". La apunto porque la misma aseveración, pero en alusión a otra actividad, el baile, la escribió José Luis Sampedro (en concreto cita a un profesional de esta práctica, al que atribuye la frase, en la recopilación que ha hecho Olga Lucas de su conferencia, este verano, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo). La reverberación de la idea me ha llevado a pensar en ella: el que pueda vivir sin hacer lo que siente, es porque, en realidad, ni lo siente ni, en consecuencia, lo vive.
Más allá de esta deducción de aparente lógica, en mi opinión algo exagerada, sí reconozco a Sampedro la plena validez de otro de los pensamientos que se leen en esa transcripción de Lucas: la autenticidad distingue al escritor vocacional del que escribe por otras razones. Y lo auténtico, me temo, ni se disimula ni se adquiere: uno lo siente y el lector lo percibe. Nadie engaña con el tiempo.
Hago esta reflexión fugaz al recordar la frecuencia de esa interrogante entre quienes escuchan con interés (o sin él) la afición de escribir de manera habitual. García Márquez, si mal no recuerdo, llevó a este terreno una conclusión bastante manida respecto de las vocaciones en general: "El que pueda vivir sin escribir, que lo haga". La apunto porque la misma aseveración, pero en alusión a otra actividad, el baile, la escribió José Luis Sampedro (en concreto cita a un profesional de esta práctica, al que atribuye la frase, en la recopilación que ha hecho Olga Lucas de su conferencia, este verano, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo). La reverberación de la idea me ha llevado a pensar en ella: el que pueda vivir sin hacer lo que siente, es porque, en realidad, ni lo siente ni, en consecuencia, lo vive.
Más allá de esta deducción de aparente lógica, en mi opinión algo exagerada, sí reconozco a Sampedro la plena validez de otro de los pensamientos que se leen en esa transcripción de Lucas: la autenticidad distingue al escritor vocacional del que escribe por otras razones. Y lo auténtico, me temo, ni se disimula ni se adquiere: uno lo siente y el lector lo percibe. Nadie engaña con el tiempo.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home