El titular falso
Una noticia nada apacible, un nuevo ataque, esta vez parece que selectivo, de la banda terrorista ETA ha originado esta mañana al menos un grave error periodístico en sendos periódicos de tirada y difusión nacionales, a saber: los primero y segundo clasificados en el ranking de la prensa española generalista.
En efecto, tanto El País como el El Mundo, en su edición para la Red, han dado por muerto al guardaespaldas víctima del atentado, cuando en realidad se encontraba herido. Primero fue el rotativo que dirige Pedro José Ramiréz; de manera simultánea, su homólogo Javier Serrano -o el responsable directo del contenido de la web- sacaba un titular en el que, con prudencia, atribuía a ETA la acción de herir al susodicho. Pero no tardó el Diario Independiente de la Mañana (que, por cierto, me han dicho que en breve sustituirá este lema por algo así como "diario global en español") en caer en la misma trampa: la del titular falso.
La premura de los medios on line no justifica errores de este calado: ¿y el familiar que acude a Internet para descartar lo que más teme? El filtro de la veracidad, nadie sensato lo pone en duda, debe resultar prioritario. Quienes contradicen este principio de ética no ya periodística, sino elemental, se revelan muy poco sagaces y en absoluto sabios. La mentira engendra desconcierto, hace desleal a quien la recibe y lleva al fracaso a quien la promueve.
En efecto, tanto El País como el El Mundo, en su edición para la Red, han dado por muerto al guardaespaldas víctima del atentado, cuando en realidad se encontraba herido. Primero fue el rotativo que dirige Pedro José Ramiréz; de manera simultánea, su homólogo Javier Serrano -o el responsable directo del contenido de la web- sacaba un titular en el que, con prudencia, atribuía a ETA la acción de herir al susodicho. Pero no tardó el Diario Independiente de la Mañana (que, por cierto, me han dicho que en breve sustituirá este lema por algo así como "diario global en español") en caer en la misma trampa: la del titular falso.
La premura de los medios on line no justifica errores de este calado: ¿y el familiar que acude a Internet para descartar lo que más teme? El filtro de la veracidad, nadie sensato lo pone en duda, debe resultar prioritario. Quienes contradicen este principio de ética no ya periodística, sino elemental, se revelan muy poco sagaces y en absoluto sabios. La mentira engendra desconcierto, hace desleal a quien la recibe y lleva al fracaso a quien la promueve.

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