Aquí Aranda
Ladridos de perros no vagabundos, graznidos suaves de gorriones y, de fondo, el ruido sórdido pero tenue de los vehículos envuelve una mañana estival en Aranda de Duero. El cielo azul se adorna de trazos de nubes blancas. Por conocido, se respira un ambiente relajado y apacible. En esta atmósfera escribir frente al amplio ventanal que ilumina la habitación de la casa reconcilia la mente con el cuerpo, le reconcilia a uno con el entorno.
Entre tanto, J.M. y C., también F., hablan sobre los prolegómenos del viaje que emprendemos mañana. Ellos más P. y yo mismo. Por cierto: esta manera de publicar hechos personales ocultando mediante iniciales la identidad de los protagonistas, como acabo de hacer, la imito del diario de Salvador Pániker de título Cuaderno Amarillo y del que ya he hecho referencia en una "entrada" anterior de este mismo blog.
* * *
Desde nuestra llegada ayer, he tenido tiempo de visitar a Jesús, hermano de P., a su esposa y al hijo de ambos, a quien acompañaba un amigo de la misma edad. La conversación de mi interés se centró en la opinión de Jesús sobre los periodistas o, para ser más precisos, sobre el oficio del periodismo: mostró saber discernir entre quienes "oía hablar" con admiración (y parecía, de hecho, lamentarse con un gesto facial de su probable limitación para haberse dedicado a esa actividad) y, por otro lado bien distinto, quienes conforman el circo mediático de la llamada prensa rosa o del corazón, en especial la televisiva.
* * *
Aranda saluda al visitante, desde hace alrederor de un año, con un busto dedicado a Baroja, quien, no obstante y según me advierte D., poca cosa buena "describió" de esta ciudad, algo que debe saber leerse entre líneas en el caso de este escritor. A mí me ha saludado una vez más, en todo caso, con la hospitalidad de los familiares, amigos y conocidos de F. Eso basta para sentir apego por esta tierra.
Entre tanto, J.M. y C., también F., hablan sobre los prolegómenos del viaje que emprendemos mañana. Ellos más P. y yo mismo. Por cierto: esta manera de publicar hechos personales ocultando mediante iniciales la identidad de los protagonistas, como acabo de hacer, la imito del diario de Salvador Pániker de título Cuaderno Amarillo y del que ya he hecho referencia en una "entrada" anterior de este mismo blog.
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Desde nuestra llegada ayer, he tenido tiempo de visitar a Jesús, hermano de P., a su esposa y al hijo de ambos, a quien acompañaba un amigo de la misma edad. La conversación de mi interés se centró en la opinión de Jesús sobre los periodistas o, para ser más precisos, sobre el oficio del periodismo: mostró saber discernir entre quienes "oía hablar" con admiración (y parecía, de hecho, lamentarse con un gesto facial de su probable limitación para haberse dedicado a esa actividad) y, por otro lado bien distinto, quienes conforman el circo mediático de la llamada prensa rosa o del corazón, en especial la televisiva.
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Aranda saluda al visitante, desde hace alrederor de un año, con un busto dedicado a Baroja, quien, no obstante y según me advierte D., poca cosa buena "describió" de esta ciudad, algo que debe saber leerse entre líneas en el caso de este escritor. A mí me ha saludado una vez más, en todo caso, con la hospitalidad de los familiares, amigos y conocidos de F. Eso basta para sentir apego por esta tierra.

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