Tao Te King
Leo un poemario de gran hondura filosófica: el Tao Te King. Algo hay de verdadero en el mensaje que transmite. Un mensaje único y, al mismo tiempo, múltiple. La nada y el todo; el "ser" y el "no-ser": eso es el Tao.
Deduzco de la sabiduría oriental la persecución de un estado existencial supremo e inagotable. Trasciende toda dificultad. Salva toda barrera: incluso la de la no-existencia. Porque ésta, según interpreto de la lectura del citado escrito, no debe confundirse con la muerte. Por el contrario, en ella, en la negación del ser, reside éste mismo y, con él, cuanto existe.
Comprendo la dificultad del racionalista empeñado en el hallazgo permanente de la relación causa-efecto. Su empeño está abocado al fracaso. No quiere esto decir que la verdad científica sea un descubrimiento falsificado. Por el contrario, es un acercamiento al ser que le resulta útil. Pero esta utilidad se encamina, por paradójico que resulte decirlo, al vacío del no-ser, como reza el Tao. Lo mismo sucede con los tabiques, puertas, paredes y muebles de una casa: su fin no reposa en su naturaleza, sino en la nada que cubren con su existencia haciéndola habitable para quien se cobija en su seno.
Cabe preguntarse cómo encaja la muerte en esta filosofía del Tao. Lo que me descubre, en principio, es la futilidad misma de hacerse esa pregunta: mientras se sea, carece de fundamento esperar dejar de ser.
Deduzco de la sabiduría oriental la persecución de un estado existencial supremo e inagotable. Trasciende toda dificultad. Salva toda barrera: incluso la de la no-existencia. Porque ésta, según interpreto de la lectura del citado escrito, no debe confundirse con la muerte. Por el contrario, en ella, en la negación del ser, reside éste mismo y, con él, cuanto existe.
Comprendo la dificultad del racionalista empeñado en el hallazgo permanente de la relación causa-efecto. Su empeño está abocado al fracaso. No quiere esto decir que la verdad científica sea un descubrimiento falsificado. Por el contrario, es un acercamiento al ser que le resulta útil. Pero esta utilidad se encamina, por paradójico que resulte decirlo, al vacío del no-ser, como reza el Tao. Lo mismo sucede con los tabiques, puertas, paredes y muebles de una casa: su fin no reposa en su naturaleza, sino en la nada que cubren con su existencia haciéndola habitable para quien se cobija en su seno.
Cabe preguntarse cómo encaja la muerte en esta filosofía del Tao. Lo que me descubre, en principio, es la futilidad misma de hacerse esa pregunta: mientras se sea, carece de fundamento esperar dejar de ser.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home