En busca de la paz
No me extraña que un británico rico y culto como fue Aldous Huxley -además de muy inteligente, algo que suele llevarse escrito en los genes y a ellos debe atribuirse en buena parte, aunque no toda-, evolucionara, en su trayectoria vital e intelectual, de un pensamiento racionalista occidentalizado a otro más confiado en la cultura oriental.
Tal vez por saturación o simple recelo a lo ya conocido, siento, como debió de sentir (en un grado de perpepción muy superior, claro está) este famoso novelista, una atracción irremediable hacia la filosofía oriental como panacea y culminación de la existencia. Hace poco hablaba, en este mismo blog, de la imagen histórica de un monje budista que se dejaba quemar el cuerpo como acto de protesta. Un amigo me explicó, al comentarle mis dudas sobre un acto tildado de "execrable" por un lector de mi escrito, que, en la cultura budista, no se concibe el cuerpo como en la cristiana, de tal manera que deshacerse de él no resulta pecaminoso ni reprochable, como lo entendemos los educados en el cristianismo. Yo insisto en el autocontrol espectacular de ese monje como prueba de un estado mental superior al de otros hombres y, en consecuencia, tan inquietante como digno de merecer el calificativo de heroico. Tal vez Huxley, que experimentó con la mescalina como forma de percibir realidades ultrasensoriales, buscase en culturas como la budista un contrapunto al nihilismo de la filosofía en Occidente, aquejada del horror de la nada cuando en ésta puede residir el "todo", como ya reflexioné días atrás.
Así lo considera el pensamiento oriental, ignoro si el budismo en particular. Puede que la visión desde fuera de ésta y otras religiones, como la cristiana o la judía, ayude a entender la historia de una búsqueda interminable. La de la paz interior.
Tal vez por saturación o simple recelo a lo ya conocido, siento, como debió de sentir (en un grado de perpepción muy superior, claro está) este famoso novelista, una atracción irremediable hacia la filosofía oriental como panacea y culminación de la existencia. Hace poco hablaba, en este mismo blog, de la imagen histórica de un monje budista que se dejaba quemar el cuerpo como acto de protesta. Un amigo me explicó, al comentarle mis dudas sobre un acto tildado de "execrable" por un lector de mi escrito, que, en la cultura budista, no se concibe el cuerpo como en la cristiana, de tal manera que deshacerse de él no resulta pecaminoso ni reprochable, como lo entendemos los educados en el cristianismo. Yo insisto en el autocontrol espectacular de ese monje como prueba de un estado mental superior al de otros hombres y, en consecuencia, tan inquietante como digno de merecer el calificativo de heroico. Tal vez Huxley, que experimentó con la mescalina como forma de percibir realidades ultrasensoriales, buscase en culturas como la budista un contrapunto al nihilismo de la filosofía en Occidente, aquejada del horror de la nada cuando en ésta puede residir el "todo", como ya reflexioné días atrás.
Así lo considera el pensamiento oriental, ignoro si el budismo en particular. Puede que la visión desde fuera de ésta y otras religiones, como la cristiana o la judía, ayude a entender la historia de una búsqueda interminable. La de la paz interior.

2 Comments:
Veo que sigue ud. aferrado a posturas, como su mencionado amigo, judeocristianas...
El control de las pasiones y sentimientos ya está en la filosofía griega; antes del estoicismo (buitreado por el cristianismo) el epicureismo buscaba ya una forma de eudemonismo, y el escepticismo pirrónico habla de un estado de felicidad que se corresponde a la indiferencia. La apojé.
Toda religión sobrenaturalista toma el cuerpo como algo "temporal", como una "cárcel" del alma, esto es, como algo que puede ser eliminado. Por eso, sea budismo, cristianismo o cualquier religión, la creencia sobrenatural en otra vida disminuye el valor de la vida material, la única real, que existe. Así se pueden justificar los actos del monje, sea cristiano, musulman, budista o hinduista. Ese es el verdadero nihilismo que crea la religión.
Es un absurdo creer en la cultura como compartimentos estancos. Aldous Huxley no era precisamente un genio, y como muchos otros europeos y norteamericanos abrazó la moda del momento, como un Sanchez Dragó, el "orientalismo".
El mundo no se reduce a la paz interior, porque siempre habrá contradicciones. Por ello, le recomiendo, amistosamente, la lectura de algún libro donde el platonismo recalcitrante o el sobrenaturalismo no estén presentes. El ser humano sabe, pero prefiere ocultarlo, que es una simple fracción de tiempo entre dos puntos donde no hay nada.
Mi querido Señor Alfredo:
Mi innato sentido de la humildad me impide debatir con usted sobre este asunto, dado que me parece probable que su formación filosófica supere a la mía, al menos de momento.
Sin igualdad de conocimientos historiográficos, no me atrevo a rebatirle en este foro. Si acaso, me permito expresar mi sensación de que Aldous Huxley, como su abuelo (contemporáneo y seguidor de la teoría del origen de las especies de Charles Darwin, tal vez la "idea" más revolucionaria de la Historia de la Humanidad -expresión acertada de Peter Watson-) o su hermano (el fisiólogo Julian Huxley), vivieron condicionados por los "vectores sociales", es decir, la cultura social, de su tiempo.
Esto no pudo ser de otra manera. El individuo responde a una entidad bio-psico-social (cita de un experto del que me reservo la identidad). Puede luchar contra ella y modularla. En sí mismo y, por extensión, en otros. Lo que no puede hacer es liberarse por completo de su influencia; ni siquiera cambiarla. Esa tarea exige un esfuerzo colectivo y continuado en el tiempo.
Sin embargo, hombres como Huxley contribuyeron a sembrar ese cambio social que hoy permite a la Ciencia, por ejemplo, acariciar la creación de órganos a partir de las células madre (stem cells) y eludir así la enfermedad. Incluso su ácida crítica en A Brave New World, su obra más divulgada, o su "viraje" ideológico hacia el pensamiento de Oriente, sirven, en mi opinión, de estímulo para esa huida del inmovilismo que conduce al cambio y, con él, al avance.
De "inmovilista" tengo la osadía de tildar su modo de razonar, señor Alfredo: por mi parte le recomiendo que lea a Albert Camus incluso con la perspectiva de nuestra época. No sea que acabe usted como el protagonista de El extranjero.
Reciba un saludo.
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