Simbiosis rocambolesca
Me encontré con un colega, el pasado domingo, en la calle de Fuencarral. Regresaba él de Israel, de una visita organizada en la que, como resulta lógico, el gobierno de esta nación la promovía y ello condicionaba, al menos en parte, la visión que los periodistas pudieran tener de lo que se les mostraba.
No obstante, yo mismo le recordé que, a pesar de esa parcialidad inherente a cualquier actividad humana (más aún si se trata de una delegación gubernamental en una zona, al fin y al cabo, en guerra), él y los otros colegas pudieron observar y juzgar en consecuencia por sí mismos. Dicho de otra manera, la coartación de la libertad del periodista se ciñe a lo que después debe escribir o narrar, pero nunca mutila el pensamiento propio, sólo su expresión pública.
Puede parecer anodina y consabida esta apreciación. A mí me sirve, en todo caso, para saborear la satisfacción moral y personal de que no se me engaña cuando trabajo. Todo lo más, se me fuerza a hacer mi trabajo en el modo y forma requeridos por el interés del empresario. Pero siempre queda el resquicio insobornable de lo que uno percibe y cree. En ocasiones, hasta es posible "darle vueltas al lenguaje" de manera que se consiga decir lo que se opina de verdad sin contradecir por ello la tesis deseable por el propietario del medio. Una especie de simbiosis un tanto rocambolesca.
No obstante, yo mismo le recordé que, a pesar de esa parcialidad inherente a cualquier actividad humana (más aún si se trata de una delegación gubernamental en una zona, al fin y al cabo, en guerra), él y los otros colegas pudieron observar y juzgar en consecuencia por sí mismos. Dicho de otra manera, la coartación de la libertad del periodista se ciñe a lo que después debe escribir o narrar, pero nunca mutila el pensamiento propio, sólo su expresión pública.
Puede parecer anodina y consabida esta apreciación. A mí me sirve, en todo caso, para saborear la satisfacción moral y personal de que no se me engaña cuando trabajo. Todo lo más, se me fuerza a hacer mi trabajo en el modo y forma requeridos por el interés del empresario. Pero siempre queda el resquicio insobornable de lo que uno percibe y cree. En ocasiones, hasta es posible "darle vueltas al lenguaje" de manera que se consiga decir lo que se opina de verdad sin contradecir por ello la tesis deseable por el propietario del medio. Una especie de simbiosis un tanto rocambolesca.

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