Sobrevivir a la soledad
Tiene algo el descubrimiento del otro, en particular si responde al sexo opuesto al de uno. Me refiero a establecer relación con la persona, observar su sonrisa, tocarla y flirtear con ella haciéndola partícipe de una misma visión de la existencia, que se reduce a los mismos límites y se expande a las mismas grandezas tanto para uno como para el otro.
Las relaciones humanas se revelan, sin embargo, tan apasionantes como complejas y conflictivas. Claro que mucho más conflictivo le resultaría a uno soportar la vida en solitario como, de hecho, algunas veces sucede. No cuando uno vive o está solo, sin acompañantes físicos o virtuales. Hago alusión a la verdadera soledad, la del alma: nada tiene que ver, en efecto, estar solo con sentirse solo. Uno puede padecer la puñalada de la soledad rodeado de gente, incluso de miembros de la propia famila. Sólo el amor, una vez más, salva esta emboscada de la vida mundana, aunque también menoscaba la inmunidad al hachazo de la soledad, tal vez el recurso más socorrido para aprender a sobrevivir con el paso del tiempo.
Las relaciones humanas se revelan, sin embargo, tan apasionantes como complejas y conflictivas. Claro que mucho más conflictivo le resultaría a uno soportar la vida en solitario como, de hecho, algunas veces sucede. No cuando uno vive o está solo, sin acompañantes físicos o virtuales. Hago alusión a la verdadera soledad, la del alma: nada tiene que ver, en efecto, estar solo con sentirse solo. Uno puede padecer la puñalada de la soledad rodeado de gente, incluso de miembros de la propia famila. Sólo el amor, una vez más, salva esta emboscada de la vida mundana, aunque también menoscaba la inmunidad al hachazo de la soledad, tal vez el recurso más socorrido para aprender a sobrevivir con el paso del tiempo.

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