Poca cosa
Compré como cada mañana El País y verifiqué el resultado global de las elecciones autonómicas y municipales en España. Qué curioso país éste en el que, no se sabe por qué, nunca puede preverse con claridad el comportamiento en las urnas de sus ciudadanos. Claro que, por un lado, mucho de lo ocurrido sí se consideraba más que probable, y, por otro, tal vez lo que aquí sucede no difiera en exceso de lo propio de otras naciones y culturas.
La cuestión estriba en que, al menos en lo que se refiere a algunos municipios, por ejemplo, de Madrid, se esperaba otra cosa. Ahora llega el momento en el que el sociólogo, el estadista, el politólogo... o, en fin, el analista de la realidad diaria (como el periodista sin más) reconstruye una y otra vez los hechos y vuelve sin cesar para ello al escenario del crimen.
Otra observación reside en que, los mismos comentarios de indignación que uno escucha a la gente que se siente derrotada tras los comicios, sin variar apenas una coma, se identifican como hermanos gemelos con los que pudo uno escuchar a otros derrotados en otra cita electoral. Me refiero a proclamas del estilo: "Cómo es posible que se les vote: ¿acaso cuanto peor lo hagan, más se les brinda apoyo?". Una victoria abrumadora por parte de quienes fueron objeto de insaciables críticas hace que, los autores de éstas, se queden estupefactos, sin habla, una vez conocidos los resultados. Tal vez sucede que las grandes masas guardan silencio mientras minorías dispersas creen abarcar la totalidad. Ignoran que son poca o ninguna cosa.
La cuestión estriba en que, al menos en lo que se refiere a algunos municipios, por ejemplo, de Madrid, se esperaba otra cosa. Ahora llega el momento en el que el sociólogo, el estadista, el politólogo... o, en fin, el analista de la realidad diaria (como el periodista sin más) reconstruye una y otra vez los hechos y vuelve sin cesar para ello al escenario del crimen.
Otra observación reside en que, los mismos comentarios de indignación que uno escucha a la gente que se siente derrotada tras los comicios, sin variar apenas una coma, se identifican como hermanos gemelos con los que pudo uno escuchar a otros derrotados en otra cita electoral. Me refiero a proclamas del estilo: "Cómo es posible que se les vote: ¿acaso cuanto peor lo hagan, más se les brinda apoyo?". Una victoria abrumadora por parte de quienes fueron objeto de insaciables críticas hace que, los autores de éstas, se queden estupefactos, sin habla, una vez conocidos los resultados. Tal vez sucede que las grandes masas guardan silencio mientras minorías dispersas creen abarcar la totalidad. Ignoran que son poca o ninguna cosa.

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