Cita ineludible
No sabe uno por qué aguanta, tumbado frente al televisor, la visión de programas como Dolce Vita. Sólo la resaca del esfuerzo personal, y la pereza, lo arrastran a uno a esa estéril actividad nocturna. Una vez que, por fin, interrumpe esa desagradable actitud y teclea, al menos, estas líneas como paso previo a un necesario descanso nocturno, se percata del tiempo perdido, el vacío interior alimentado y la esperanza en una vida mejor mermada.
Exagero, desde luego, y lo hago a propósito: nada me exaspera más que no aprovechar las horas, menos aún pudiendo hacerlo. La voluntad se revela como el arma más poderosa de que dispone el ser humano. La pereza o la distorsión involuntaria del pensamiento -que también se sufre: el manejo psicológico de los problemas requiere de un aprendizaje ausente en las escuelas y universidades- se descubren, a su vez, como su peor enemigo.
Mañana, después de todo, tiene uno la cita con las urnas. Este encuentro, pese a la mala prensa de la clase política en general, da sentido a un sistema de convivencia organizado. Quienes no vivimos la dictadura de Franco, pues nacimos cuando murió, adolecemos de no valorar la posibilidad de pensar, escribir y hablar con libertad. A esto me atengo para justificar la cita electoral como una obligación colectiva e ineludible.
Exagero, desde luego, y lo hago a propósito: nada me exaspera más que no aprovechar las horas, menos aún pudiendo hacerlo. La voluntad se revela como el arma más poderosa de que dispone el ser humano. La pereza o la distorsión involuntaria del pensamiento -que también se sufre: el manejo psicológico de los problemas requiere de un aprendizaje ausente en las escuelas y universidades- se descubren, a su vez, como su peor enemigo.
Mañana, después de todo, tiene uno la cita con las urnas. Este encuentro, pese a la mala prensa de la clase política en general, da sentido a un sistema de convivencia organizado. Quienes no vivimos la dictadura de Franco, pues nacimos cuando murió, adolecemos de no valorar la posibilidad de pensar, escribir y hablar con libertad. A esto me atengo para justificar la cita electoral como una obligación colectiva e ineludible.

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