El bando de la libertad
He escuchado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la entrevista que le ha hecho Iñaki Gabilondo, el famoso periodista, en el canal del Grupo PRISA Cuatro, hoy por la noche. Dicen en mi casa que "se le ve muy dolido" o, más aún, poco menos que "muerto de pena". Trataré de resumir cómo le he visto yo mismo.
Por supuesto, el presidente debe de estar dolido; pero no lo deduzco, ni mucho menos, de esta entrevista, sino del sentido común que parte, eso sí, de la idea de que se trata de una persona exenta de maldad, al menos de carácter patológico (líderes psicópatas ha habido y habrá a cientos). Ese sentido común me lleva a la conclusión inequívoca de que, no sólo Zapatero, sino todo ciudadano español acapara hoy suficientes motivos como para sentirse desalentado: el intento de poner fin a la pesadilla de ETA ha fracasado de manera definitiva.
No resulta menos cierto que ese fracaso ya se dio cuando voló una furgoneta repleta de carga explosiva en el aeropuerto de Barajas, hace apenas unos meses. Sin embargo, sí existen razones para certificar ese fracaso, sólo que no estriban, como puede parecer, en que ETA haya transmitido su retorno a la violencia por medio de una web o de una publicación (como si ese regreso no se hubiera producido ya). Los motivos del cambio cualitativo identificable con la fecha en la que escribo estas líneas radica en la constatación (incluso previa al comunicado etarra) por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del rearme de los asesinos y de su predisposicion a la acción más o menos inmediata.
Yo a Zapatero, como digo, no lo veo apenado, sino muy indignado: no consigo mismo, sino con el partido que lidera Mariano Rajoy. Los hechos dan la razón, en este caso, a la tesis del presidente de que él ha cumplido con su responsabilidad en el pasado, desde la oposición, y en el presente, desde el liderazgo del Ejecutivo. Rajoy debe ceder en este punto con total independencia de su grave desacuerdo con la política gubernamental. Como me dijo ayer con acierto un buen amigo, sólo una cosa está clara en este momento: los malos siguen siendo los mismos; los demócratas no pueden sino unirse frente a ellos. Ante el terror, nada puede anteponerse a la necesidad de un salvamento colectivo. El triunfo intencionado y mantenido del mal sólo concierne al desalmado, ni siquiera al psicópata, víctima de la enfermedad. Cualquier otro ciudadano está obligado a adherirse a un solo bando. El de la libertad.
Por supuesto, el presidente debe de estar dolido; pero no lo deduzco, ni mucho menos, de esta entrevista, sino del sentido común que parte, eso sí, de la idea de que se trata de una persona exenta de maldad, al menos de carácter patológico (líderes psicópatas ha habido y habrá a cientos). Ese sentido común me lleva a la conclusión inequívoca de que, no sólo Zapatero, sino todo ciudadano español acapara hoy suficientes motivos como para sentirse desalentado: el intento de poner fin a la pesadilla de ETA ha fracasado de manera definitiva.
No resulta menos cierto que ese fracaso ya se dio cuando voló una furgoneta repleta de carga explosiva en el aeropuerto de Barajas, hace apenas unos meses. Sin embargo, sí existen razones para certificar ese fracaso, sólo que no estriban, como puede parecer, en que ETA haya transmitido su retorno a la violencia por medio de una web o de una publicación (como si ese regreso no se hubiera producido ya). Los motivos del cambio cualitativo identificable con la fecha en la que escribo estas líneas radica en la constatación (incluso previa al comunicado etarra) por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del rearme de los asesinos y de su predisposicion a la acción más o menos inmediata.
Yo a Zapatero, como digo, no lo veo apenado, sino muy indignado: no consigo mismo, sino con el partido que lidera Mariano Rajoy. Los hechos dan la razón, en este caso, a la tesis del presidente de que él ha cumplido con su responsabilidad en el pasado, desde la oposición, y en el presente, desde el liderazgo del Ejecutivo. Rajoy debe ceder en este punto con total independencia de su grave desacuerdo con la política gubernamental. Como me dijo ayer con acierto un buen amigo, sólo una cosa está clara en este momento: los malos siguen siendo los mismos; los demócratas no pueden sino unirse frente a ellos. Ante el terror, nada puede anteponerse a la necesidad de un salvamento colectivo. El triunfo intencionado y mantenido del mal sólo concierne al desalmado, ni siquiera al psicópata, víctima de la enfermedad. Cualquier otro ciudadano está obligado a adherirse a un solo bando. El de la libertad.

1 Comments:
Siempre me pareció un desacierto el pacto con la serpiente: la serpiente siempre pactó cuando estuvo acorralada, siempre como estrategia de supervivencia, nunca con esperanzas reales de llegar a una solución. La serpiente quiere todo o nada, y cuando tenga todo fagocitará a su propio pueblo: recordemos que ya desprecia la voluntad mayoritaria de su pueblo; los marxistas radicales siempre fueron así. Para la serpiente todo vale en su guerra, y la mentira es un arma más. Pese a todo, estoy de acuerdo en que aunque a todas luces era un error pactar con ella, también es un error no estar en un mismo bando frente a la serpiente, pues así esta siempre saldrá beneficiada. Una vez más, rojos y azules no estuvieron a la altura...
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