Redacción, no oficina
Recuerdo una objeción de Francisco Umbral, el célebre premio Cervantes que escribe en la contraportada de El Mundo: el lugar en el que se hace un periódico se parece, a veces, a la oficina de un banco en lugar de a lo que es: la redacción de un medio de comunicación.
Viene esto a cuento de que una colega dudaba, hace no mucho, de llamar "oficina" al lugar en el que trabajamos. A lo que yo, recordando a Umbral, apostillé que su indecisión estaba justificada: no pasa por ser lo mismo una redacción que una oficina; un periódico que una empresa sin más.
El actual decano, si no me equivoco, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU-San Pablo, donde me he formado, reflexionó un buen día en voz alta sobre este mismo dilema. Su conclusión caminó paralela a la de Umbral o a la mía propia: "Un periódico es algo más... porque tiene influencia" social, política, económica o cultural. No piensa así el empresario o dueño del medio, porque, sencillamente, no necesita de ese planteamiento. Pero en su modus operandi hace posible la realización de esa máxima del decano: utiliza su medio para influir y enriquecerse de ese poder afectivo. La cuestión reside en dotar a esa maniobra del principio ético del periodismo: hacer saber de algo a la persona para mejorar su vida en lo posible. Que no sea éste el objeto principal del servicio informativo es cosa que escapa a la voluntad del redactor y le exime, así, de toda responsabilidad.
Viene esto a cuento de que una colega dudaba, hace no mucho, de llamar "oficina" al lugar en el que trabajamos. A lo que yo, recordando a Umbral, apostillé que su indecisión estaba justificada: no pasa por ser lo mismo una redacción que una oficina; un periódico que una empresa sin más.
El actual decano, si no me equivoco, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU-San Pablo, donde me he formado, reflexionó un buen día en voz alta sobre este mismo dilema. Su conclusión caminó paralela a la de Umbral o a la mía propia: "Un periódico es algo más... porque tiene influencia" social, política, económica o cultural. No piensa así el empresario o dueño del medio, porque, sencillamente, no necesita de ese planteamiento. Pero en su modus operandi hace posible la realización de esa máxima del decano: utiliza su medio para influir y enriquecerse de ese poder afectivo. La cuestión reside en dotar a esa maniobra del principio ético del periodismo: hacer saber de algo a la persona para mejorar su vida en lo posible. Que no sea éste el objeto principal del servicio informativo es cosa que escapa a la voluntad del redactor y le exime, así, de toda responsabilidad.

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