¿Un Mundo Feliz?
Alguien se preguntó el sábado pasado, a propósito de la célebre rivalidad entre los pilotos de Fórmula 1 Fernando Alonso y Hamilton, si acaso no sería todo una farsa, es decir, si ese roce o enfrentamiento entre ambos obedece, en realidad, a una estrategia pactada para lograr beneficios económicos. La suposición se sustenta en algo que, como se sabe, sucede en el circo mediático de las sociedades del primer mundo, a saber: un suceso ficticio se presenta como real al gran público que, atraido por la morbosidad de la desgracia ajena, responde interesándose por ese hecho con el que tanto disfruta sea o no verdadero.
Aldous Leonard Huxley narró una fantástica historia futurible en su novela A Brave New World. Como conoce quien la ha leido, la deshumanización de la ciencia lleva a un mundo en el que las emociones se suprimen en aras de ahorrar sufrimientos inútiles a la Humanidad. Sin embargo, en esos sentimientos anulados (entre otras cosas por la ingesta del soma, la droga que Huxley imagina como la panacea para las "grietas" que puedan destaparse en esa supuesta vida maquinada para no sentir lo innecesario) reside la esencia de ser Hombre. Con ellos desaparece el carácter de autenticidad que diferencia la especia humana de las otras.
Cabe preguntarse si, al contrario de lo que aventuró Huxley, la "droga" que conmueve nuestra civilización hoy pasa por exacerbar las bajas pasiones, los sentimientos, manipulándolos para favorecer un gobierno plutocrático y capitalista. Esto ya ocurría, en forma de poderes totalitaristas, en el periodo de Entreguerras del pasado siglo; si no me equivoco, la propaganda nazi, entre otras, inspiró la brillante reflexión literaria de la novela de Huxley. Tal vez las cosas no han cambiado tanto como parece.
Aldous Leonard Huxley narró una fantástica historia futurible en su novela A Brave New World. Como conoce quien la ha leido, la deshumanización de la ciencia lleva a un mundo en el que las emociones se suprimen en aras de ahorrar sufrimientos inútiles a la Humanidad. Sin embargo, en esos sentimientos anulados (entre otras cosas por la ingesta del soma, la droga que Huxley imagina como la panacea para las "grietas" que puedan destaparse en esa supuesta vida maquinada para no sentir lo innecesario) reside la esencia de ser Hombre. Con ellos desaparece el carácter de autenticidad que diferencia la especia humana de las otras.
Cabe preguntarse si, al contrario de lo que aventuró Huxley, la "droga" que conmueve nuestra civilización hoy pasa por exacerbar las bajas pasiones, los sentimientos, manipulándolos para favorecer un gobierno plutocrático y capitalista. Esto ya ocurría, en forma de poderes totalitaristas, en el periodo de Entreguerras del pasado siglo; si no me equivoco, la propaganda nazi, entre otras, inspiró la brillante reflexión literaria de la novela de Huxley. Tal vez las cosas no han cambiado tanto como parece.

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