Capitalismo antes que franquismo
Acabo de leer en El País.com la aparición en la escena política de un grupo de unos 2.000 artistas, representantes de los más diversos sectores de la sociedad (según reza el encabezado de la información) y que acaban de constituir una "Plataforma de Apoyo a Zapatero", lo que justifica, entre otras cosas, el acrónimo "PAZ" con el que se han dado a conocer. Al parecer forman este colectivo "científicos, artístistas, cantantes..." y se cita, como muestra, a los famosos. Tal es el caso de Fran Perea, Concha Velasco, Joaquín Sabina, Ana Belén y Víctor Manuel, entre otros.
Nada nuevo bajo el Sol. Sin embargo, uno echaba de menos una manifestación explícita de respaldo a una actitud tolerante, paciente y comedida como la de Zapatero, por mucho que se la denoste y califique de todo lo contrario en los medios de comunicación afines a la derecha política.
Tampoco está exento el presidente del Gobierno de una crítica a su mandato, plagado de errores estratégicos y políticos, amén de promesas mal resueltas o, en definitiva, incumplidas. Pero a uno se le antoja que el poder de la Administración central desde la posición del Ejecutivo adolece de cortapisas que impiden romper la oligarquía marcada por el capitalismo imperante. Una frase larga de contenido consabido, sí, pero que también da una pista sobre la probable necesidad de esa limitación del poder gubernamental. Al fin y al cabo, aquí aún se recuerda un régimen, el franquista, donde la voluntad de un solo hombre resolvía las decisiones diarias del aparato estatatal por él construido. Entonces sí que no había contrapesos que pudiesen actuar sin la complacencia del caudillo. Y si los había, su margen de libertad no puede compararse al que hoy se disfruta en España. Conviene recordarlo.
Nada nuevo bajo el Sol. Sin embargo, uno echaba de menos una manifestación explícita de respaldo a una actitud tolerante, paciente y comedida como la de Zapatero, por mucho que se la denoste y califique de todo lo contrario en los medios de comunicación afines a la derecha política.
Tampoco está exento el presidente del Gobierno de una crítica a su mandato, plagado de errores estratégicos y políticos, amén de promesas mal resueltas o, en definitiva, incumplidas. Pero a uno se le antoja que el poder de la Administración central desde la posición del Ejecutivo adolece de cortapisas que impiden romper la oligarquía marcada por el capitalismo imperante. Una frase larga de contenido consabido, sí, pero que también da una pista sobre la probable necesidad de esa limitación del poder gubernamental. Al fin y al cabo, aquí aún se recuerda un régimen, el franquista, donde la voluntad de un solo hombre resolvía las decisiones diarias del aparato estatatal por él construido. Entonces sí que no había contrapesos que pudiesen actuar sin la complacencia del caudillo. Y si los había, su margen de libertad no puede compararse al que hoy se disfruta en España. Conviene recordarlo.

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