LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Wednesday, October 29, 2008

El trabajo riguroso

Aún resuena en mi mente la melodía de apertura de la serie de televisión Los Tudor, sin duda un excelente trabajo que reconcilia al espectador español con la "caja tonta", tal y como resumía hace poco un reportaje publicado en El País Semanal. Uno siente el fruto del esmero allá donde fructifica y, en efecto, de ese modo se puede llegar "al fin del mundo": eso me dijo durante la carrera universitaria uno de sus docentes, para más señas profesor de Doctrina Social de la Iglesia (católica, claro está).

Sin analizar ahora el porqué de cursar esta asignatura, ni de si comulgo o no con sus dictámenes (de hecho discrepo de ellos en algunos puntos para mí esenciales), resulta inequívoco que el trabajo riguroso obtiene premio. Sucede, sin embargo, que se llega a ese punto desde la no-exigencia; me explico: si uno se obsesiona con el esfuerzo, la lucha o la resistencia heroica frente a la adversidad en la vida, tal vez se esté dando de bruces contra ésta. Eso al menos enseña el mensaje de la psicología fundamentada en los principios budistas: hacer a partir del no-hacer. Suena raro, pero es asombroso cómo una cosa lleva a la otra con naturalidad. Una vez más, todo lo contrario de lo que nos enseñaron desde pequeñitos.

Tuesday, October 21, 2008

El periodista universitario

Me veo con el birrete de graduado en una fotografía y, la verdad, me gusto en esa imagen. No posa igual quien no siente lo que representa el pose, y no se trata de creerse más que otros; tan sólo se trata de caer en la cuenta de que las cosas importan en la medida en que uno hace que importen.
Por otro lado, la Universidad se me antoja parecida a un reducto algo desconectado del mundo. Pero también creo darme cuenta de que esa sensación se debe a que la asocio a mi vivencia universitaria, muy gratificante en su versión definitiva, es decir, la que corresponde a la carrera que yo y sólo yo elegí.
Por entonces uno carece de toda experiencia laboral y, en consecuencia, está lleno de miedo al mundo. Algo que me induce a pensar en que, si regreso al ámbito universitario (como, en parte, ya hago por medio del Doctorado) la percepción del entorno será muy diferente. Así lo he vivido, en efecto, las veces que he regresado por el campus de mi facultad.
A propósito de esta reflexión, resulta del todo desacertada la suposición de quien nada sabe sobre el periodismo acerca de la lejanía de esta profesión respecto a la Universidad. El hecho de que pocos colegas vuelvan a ella no prueba más que el desdén hacia el estudio no de los integrantes de esta profesión, sino de la mayoría de la gente. Lo cual no debe censurarse en modo alguno, como tampoco debe obviarse, insisto, el trabajo académico de muchos periodistas de oficio y de carrera.

Saturday, October 11, 2008

Relato vitalista

Un verano en la Provenza, del francés Eric Guirado, es una película sencilla, risueña y agradable de ver. No se trata de un cuento de hadas ni de una aventura del otro mundo. Por el contrario, hablamos de una historia vitalista, es decir, que ciñe su discurso al de la misma vida.
En efecto, un joven adulto encara la dureza de vivir, sin más, y se deja caer en ella. No se trata de resignación, sino de aceptar las cosas como son: a veces alegres, otras tristes, siempre peligrosas. Su virtud reside en no darles la espalda ni luchar contra ellas. Se limita a dejar que sucedan.
Alguien podría objetar que Antoine sustituye a su padre en el trabajo, trata de cultivar una relación sentimental e, incluso, se ocupa de ayudar a mucha gente anciana a la que provee de su mercancía de venta, y que, en consecuencia, "lucha" por algo, sea lo que sea, y sale airoso gracias a ese esfuerzo. Sin embargo, no se trata tanto de combatir o de luchar contra molinos y viento, como hacía Don Quijote, sino de prestarse a la aventura de la vida sin oponerle resistencia.
De ese modo, Antoine observa el lado amargo de la existencia: la marcha de Claire, el intento de suicidio del hermano, el pesimismo desesperante de sus padres... Y, al mismo tiempo, disfruta el lado bueno de la vida, tan natural como el otro: el aprendizaje del oficio de tendero, su relación con la clienta gruñona, la reconciliación con sus padres y hermano... sin olvidar el amor de Claire, tal vez lo más simbólico de la película. Su amor con ella constituye la historia esencial por cuanto refleja todas las demás. No es algo que Antoine fuerce, ni que desee por encima de todo, pero lo valora como la maravilla que es. Por eso la encuentra sin buscarla, de la misma manera que, horrorizado, acude en ayuda del padre enfermo o salva la vida de su hermano. Abre la puerta a la circunstancia y se limita a vivirla. Tal es el camino hacia la plenitud del espíritu.