LA PREMISA PERENNE
La capacidad del calor para alterar el organismo y perturbar la mente fue bien reflejada en varios ensayos y novelas del Premio Nobel de Literatura Albert Camus. De nacionalidad francesa, pero de madre española y relación inequívoca con la colonia de Argelia, trasunto de su obra literaria, Camus sitúa el acontecimiento principal de El Extranjero en una playa castigada por un sol implacable. En ella, el protagonista mata de un disparo de bala a un desconocido árabe. He aquí la escenificación metafórica del absurdo vital del hombre en la filosofía camusiana.
El asesino se adapta más a los rasgos del homicida, que mata sin premeditación pero por algún motivo. En realidad, esto último revela que el protagonista del ensayo no es siquiera un homicida. No mata por defensa propia, venganza o malicia.Tampoco lo hace al tiempo que padece una enfermedad mental que lo invalida para el razonamiento. Simplemente mata... porque el calor y aquel hombre se le antojan insoportables.
A este nihilismo se le unen otras muchas vivencias del mismo personaje, anteriores o posteriores al asesinato. La noticia de la muerte de su madre la recibe con una pasmosa indiferencia nada más comenzar el relato. Sigue los ritos funerarios como quien ejecuta una acción mecánica a la que está obligado. Su relación ulterior con una mujer no pasa de ser una farsa disimulada, una convivencia carente de todo sentido: como toda su concepción de la existencia. La reducción de la vida, en efecto, a la pura y simple existencia observable, esto es, el existencialismo, predominó como corriente filosófica liderada por Jean Paul Sartre entre los años 50 y 60 del pasado siglo y, desde luego, no pasó desapercibida para Albert Camus.
Los filólogos suelen reconocer, sin embargo, el vuelco posterior en las ideas filosóficas del escritor de Argel plasmado en su novela La Peste. En esta brillante obra Camus da al lector la clave de su solución frente al absurdo: la rebelión. ¿Rebelión contra qué? Contra el propio absurdo. Se trata de un giro paradójico del pensamiento: el hombre debe dar un sentido a la vida, aun a riesgo de inventárselo. La rebelión contra el absurdo, materializada en la lucha cotidiana de cada individuo por que la vida colectiva siga su curso (aun a sabiendas de que ese camino puede no llevar a parte alguna), responde a la idea principal de la propuesta de Camus en esa novela y en su concepción general de la existencia humana.
Desde la perspectiva de nuestro tiempo, las ideas de Camus deben enmarcarse en su contexto histórico, político y filosófico. Hace décadas que se superó, entre la elite intelectual de Occidente, la corriente existencialista. Su propuesta de que, dentro del absurdo reinante, "el amor lo salva", sí parece una premisa perenne. No en vano el mensaje del Evangelio cristiano coincide en esa condición para que uno pueda salvarse. La diferencia estriba en de qué se salva uno: o del absurdo vital o de la propia vida, en espera de una existencia transmundana. Creo en la primera opción de salvamento. Adónde nos lleve es cosa que nadie sabe.
El asesino se adapta más a los rasgos del homicida, que mata sin premeditación pero por algún motivo. En realidad, esto último revela que el protagonista del ensayo no es siquiera un homicida. No mata por defensa propia, venganza o malicia.Tampoco lo hace al tiempo que padece una enfermedad mental que lo invalida para el razonamiento. Simplemente mata... porque el calor y aquel hombre se le antojan insoportables.
A este nihilismo se le unen otras muchas vivencias del mismo personaje, anteriores o posteriores al asesinato. La noticia de la muerte de su madre la recibe con una pasmosa indiferencia nada más comenzar el relato. Sigue los ritos funerarios como quien ejecuta una acción mecánica a la que está obligado. Su relación ulterior con una mujer no pasa de ser una farsa disimulada, una convivencia carente de todo sentido: como toda su concepción de la existencia. La reducción de la vida, en efecto, a la pura y simple existencia observable, esto es, el existencialismo, predominó como corriente filosófica liderada por Jean Paul Sartre entre los años 50 y 60 del pasado siglo y, desde luego, no pasó desapercibida para Albert Camus.
Los filólogos suelen reconocer, sin embargo, el vuelco posterior en las ideas filosóficas del escritor de Argel plasmado en su novela La Peste. En esta brillante obra Camus da al lector la clave de su solución frente al absurdo: la rebelión. ¿Rebelión contra qué? Contra el propio absurdo. Se trata de un giro paradójico del pensamiento: el hombre debe dar un sentido a la vida, aun a riesgo de inventárselo. La rebelión contra el absurdo, materializada en la lucha cotidiana de cada individuo por que la vida colectiva siga su curso (aun a sabiendas de que ese camino puede no llevar a parte alguna), responde a la idea principal de la propuesta de Camus en esa novela y en su concepción general de la existencia humana.
Desde la perspectiva de nuestro tiempo, las ideas de Camus deben enmarcarse en su contexto histórico, político y filosófico. Hace décadas que se superó, entre la elite intelectual de Occidente, la corriente existencialista. Su propuesta de que, dentro del absurdo reinante, "el amor lo salva", sí parece una premisa perenne. No en vano el mensaje del Evangelio cristiano coincide en esa condición para que uno pueda salvarse. La diferencia estriba en de qué se salva uno: o del absurdo vital o de la propia vida, en espera de una existencia transmundana. Creo en la primera opción de salvamento. Adónde nos lleve es cosa que nadie sabe.
