LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Monday, July 17, 2006

LA PREMISA PERENNE

La capacidad del calor para alterar el organismo y perturbar la mente fue bien reflejada en varios ensayos y novelas del Premio Nobel de Literatura Albert Camus. De nacionalidad francesa, pero de madre española y relación inequívoca con la colonia de Argelia, trasunto de su obra literaria, Camus sitúa el acontecimiento principal de El Extranjero en una playa castigada por un sol implacable. En ella, el protagonista mata de un disparo de bala a un desconocido árabe. He aquí la escenificación metafórica del absurdo vital del hombre en la filosofía camusiana.
El asesino se adapta más a los rasgos del homicida, que mata sin premeditación pero por algún motivo. En realidad, esto último revela que el protagonista del ensayo no es siquiera un homicida. No mata por defensa propia, venganza o malicia.Tampoco lo hace al tiempo que padece una enfermedad mental que lo invalida para el razonamiento. Simplemente mata... porque el calor y aquel hombre se le antojan insoportables.
A este nihilismo se le unen otras muchas vivencias del mismo personaje, anteriores o posteriores al asesinato. La noticia de la muerte de su madre la recibe con una pasmosa indiferencia nada más comenzar el relato. Sigue los ritos funerarios como quien ejecuta una acción mecánica a la que está obligado. Su relación ulterior con una mujer no pasa de ser una farsa disimulada, una convivencia carente de todo sentido: como toda su concepción de la existencia. La reducción de la vida, en efecto, a la pura y simple existencia observable, esto es, el existencialismo, predominó como corriente filosófica liderada por Jean Paul Sartre entre los años 50 y 60 del pasado siglo y, desde luego, no pasó desapercibida para Albert Camus.
Los filólogos suelen reconocer, sin embargo, el vuelco posterior en las ideas filosóficas del escritor de Argel plasmado en su novela La Peste. En esta brillante obra Camus da al lector la clave de su solución frente al absurdo: la rebelión. ¿Rebelión contra qué? Contra el propio absurdo. Se trata de un giro paradójico del pensamiento: el hombre debe dar un sentido a la vida, aun a riesgo de inventárselo. La rebelión contra el absurdo, materializada en la lucha cotidiana de cada individuo por que la vida colectiva siga su curso (aun a sabiendas de que ese camino puede no llevar a parte alguna), responde a la idea principal de la propuesta de Camus en esa novela y en su concepción general de la existencia humana.
Desde la perspectiva de nuestro tiempo, las ideas de Camus deben enmarcarse en su contexto histórico, político y filosófico. Hace décadas que se superó, entre la elite intelectual de Occidente, la corriente existencialista. Su propuesta de que, dentro del absurdo reinante, "el amor lo salva", sí parece una premisa perenne. No en vano el mensaje del Evangelio cristiano coincide en esa condición para que uno pueda salvarse. La diferencia estriba en de qué se salva uno: o del absurdo vital o de la propia vida, en espera de una existencia transmundana. Creo en la primera opción de salvamento. Adónde nos lleve es cosa que nadie sabe.

Saturday, July 15, 2006

DE SIN CITY A SUPERMAN

Anoche vi en el cine Superman Returns, la nueva superproducción estadounidense que recupera la recreación cinematográfica del mítico personaje de cómic. De hecho, la clave para interpretar y juzgar este tipo de películas reside en recordar que se trata, en todo momento, de una adaptación de un género gráfico, el cómic, a la gran pantalla. Al igual que recientes versiones de las historias de otros superhéroes, como Spiderman o Batman, este filme del superhéroe por excelencia se vale de las nuevas tecnologías aplicadas al cine para ofrecer secuencias de acción espectaculares, mucho más notorias en credibilidad, dentro de de su carácter fantástico, que las que se usaban hace alrededor de una década.
Cuando, allá por los años ochenta del pasado siglo, acudí con mi padre a ver, por ejemplo, la tercera parte de Superman, no existía Internet; no había apenas ordenadores personales; no había móviles ni "asistentes personales digitales" o pda, dispositivos MP3 para escuchar música o tantas otras aplicaciones de la tecnología. En sintonía con esta diferencia del desarrollo tecnológico, los efectos especiales del cine estadounidense de aquellos años, aunque buenos, no pueden siquiera compararse con los actuales. He aquí la sencilla razón por la que me explico los excelentes resultados de esos filmes a la hora de transmitir el espíritu de los cómics. Sin ser aficionado pertinaz a la lectura de éstos, sí creo haber captado su esencia al haberlos leído cuando era un niño. Y, ante todo, al haber escuchado las opiniones de algunos amigos muy devotos de la lectura e incluso de la creación del cómic. Por ello percibo, en esas películas, la misma esencia de las obras gráficas. Suficiente para que se ganen mi aprobación: han conseguido su propósito más noble, beneficios de taquilla o de venta de productos oportunistas (camisetas, muñecos y tantos otros) aparte.
Esta misma sensación me produjo Sin City, un filme oscuro, siniestro y muy violento que refleja con maestría el estilo de la clase de cómic en que se inspira. Confieso que no he leído jamás esas historias impresas y, sin embargo, intuí que la película respondía con fidelidad a su representación en otro formato y medio. Por esa razón me fui a casa con la sensación de que había visto algo que me desagradaba sobremanera pero que, sin embargo, merecía el distintivo de trabajo bien hecho. Así lo constató la opinión de un amigo que sí conocía bien el cómic y, además, las posibilidades del cine moderno.
Por último, mi pobre cultura cinematográfica no me ha impedido disfrutar de muchas películas para mí deliciosas: Master and Commander fue una de ellas. La "Música Nocturna de Madrid" de Boccherini se aprovecha en este filme entremezlada con el ambiente de una embarcación británica de guerra. La figura del capitán convive con la del científico. Los intereses encontrados de acción bélica y de amor por la ciencia parecen reconciliarse. La tripulación alterna la dureza de la violencia, la traición y la muerte con el disfrute de los festejos y el anhelo de los placeres mundanos. Recuerda esta película a la serie del capitán James Cook, una coproducción de la televisión española (TVE) y la australiana. El ambiente, en fin, de los navíos británicos, franceses y españoles que surcaron los mares entre los siglos XV y XVIII. La fecundidad literaria de este escenario histórico alienta mi esperanza de volver a sentir la emoción del relato naval y de la aventura exploratoria.

Saturday, July 08, 2006

MUJER Y TORMENTO

Leo Limbo, novela de Aldous Huxley que trata de un personaje, Dick, preso de una crisis de identidad sexual. Dick ha llegado a la conclusión de que su personalidad guarda una horrible condición de ser hermafrodita. Horrible porque esa condición le tortura. Incluso parace más bien aquejado de una esquizofrenia que le hace incapaz de controlar a su otro yo, el femenino, la parte de su persona que escribe novelas feministas de gran éxito por las noches. Durante la mañana, su parte masculina se dedica a tareas más sesudas, según Huxley, propias de una mente dotada para el cálculo matemático y la divagación filosófica e intelectual.
Curiosa perspectiva ésta de Huxley acerca del hombre, de la mujer y del absurdo (o, como mínimo, de la incógnita) de la existencia humana. Mientras apuro la lectura completa de esta novela en el Ateneo de Madrid, creo oportuna alguna reflexión sobre las diferencias del género masculino y femenino.
No sólo Huxley. Recuerdo ahora las palabras impresas de alguna obra literaria de Ramón y Cajal, el ilustre científico, acerca de la predisposición del varón a las divagaciones abstractas y a la crisis intelectual durante la adolescencia y primera juventud. Claro que también percibo la antigüedad insalvable de esas reflexiones de Cajal. Las escribió en el contexto de una sociedad española retrasada en todos los órdenes de la vida social. No era concebible entonces, como ahora, que la mujer emplease sus energías, por ejemplo, en las Humanidades o, menos aún, en la Ciencia. La realidad contemporánea ha desmitificado esa limitación femenina. Hoy la mujer española supera en número al varón en las aulas de las facultades. La tarea intelectual no queda reservada al interés de hombres aburridos. La ejercitan féminas capaces de sobrellevarla mejor.
¿Por qué se ha de sobrellevar la tarea intelectual? La respuesta reside en que esta actividad, al contrario que los trabajos manuales o la aplicación práctica de conocimientos técnicos, exige disciplina mental. Esta exigencia, a su vez, debe saberse combinar con la satisfacción de otras necesidades, también cerebrales, pero más instintivas: relación social, ejercicio físico, alimentación... La mujer, en mi opinión, se adapta mejor al entorno; combina con más garantías de éxito la exigencia del trabajo, incluido el de naturaleza intelectual, y la necesidad del recreo social y personal. De ahí la figura, tal vez más frecuente, del intelectual varón presa del tormento existencial.

Friday, July 07, 2006

HARO Y BAROJA

Un periodista especializado en Historia de España (más bien un investigador que estudió, según él por error, la carrera de Periodismo) resaltó en una conferencia sobre José Antonio Primo de Rivera el hecho de que, hoy en España, no se valora el mérito intelectual o académico. No le falta razón a su protesta: en efecto, la adoración del dinero eclipsa cualquier otro logro a los ojos de la sociedad. El asunto no guardaría trascendencia de no ser porque, quien no hace suya esa idolatría, corre el riesgo de perecer de inanición.
Hace poco otro periodista, éste de los curtidos en la Redacción de un gran periódico, destacó en una columna el consejo que Jorge Valdano, el ex futbolista, dio a José Ramón de la Morena, el director del programa radiofónico de deportes El Larguero: "Entre el hambre y la libertad hay que elegir". La máxima de Valdano coincide con la reflexión de Eduardo Haro Tecglen en la que debió de ser la última entrevista que le hizo un colega, el autor del libro Atados a la columna, una recopilación de encuentros con periodistas consagrados a quienes se les concede el privilegio de publicar una columna de opinión en un medio de tirada y difusión elevadas. Haro expresa en esa charla transcrita su convicción de que sólo el hambre justifica no mostrarse sincero ante el lector, espectador o escuchante. Eso debió de sucederle cuando, al parecer, suscribió postulados ideológicos propios del régimen franquista. Ello en una época, claro está, subyugada al dictador y que, también al parecer, puso en peligro la vida de su padre.
En este contexto entiendo la reacción airada de César Alonso de los Ríos ante una pregunta que le hice en la Facultad en que me licencié en Periodismo. Sólo quise aprovechar su visita para que nos hablara de su experiencia personal en la revista Triunfo, publicación histórica antifranquista, y, más en concreto, con sus entonces colegas Luis Carandell y el propio Haro Tecglen. Del primero sólo mencionó su sentimiento de respeto. De Haro arguyó con furia la prueba documentada de su incoherencia al haber exaltado las ideas de José Antonio Primo de Rivera en algún artículo.
Como todo el mundo que conoció a Haro Tecglen sabe de sobra, este periodista llegó a ser un maestro del oficio y de la interpretación perspicaz de la vida social y política españolas y, en general, del mundo. Lo hizo cada día -salvo los domingos- en el diario El País, en la última etapa de su vida, que concluyó hace muy poco. La muerte le sorprendió con su columna habitual del día ya hecha. Quienes le seguían saben que esa columna, bajo el cintillo que rezaba "Visto/Oído" y ubicada, aunque nadie sabe por qué, en la sección de Televisión y Radio del periódico, podía ser suficiente excusa por sí misma para la compra del diario. No pocos la echan de menos. Tampoco faltan quienes no soportaban su desvergüenza, propia de quien ha vivido lo suficiente como para expresar con desparpajo cuanto piensa con toda sinceridad. Hacer esto, aún hoy, aquí y en cualquier otro país, no se perdona por muchas personas poderosas. Encuentro en este aspecto un rasgo biográfico de Haro comparable a la personalidad de Pío Baroja. Al igual que a éste, a Eduardo lo han tachado de huraño, resentido, traidor, contradictorio... Al contrario que Baroja, Haro soportó el fracaso de la relación con la mujer o, mucho peor todavía, la muerte de los hijos. Cómo llegaron al desengaño vital ambos no puedo saberlo. Sí creo, en cambio, que había algo de bondad y de humanismo en esa conducta compartida. Tal vez la animadversión no se dirigiera, en estos dos hombres, hacia sus semejantes, sino hacia el mundo que se les exige soportar.

Monday, July 03, 2006

El valor de la amistad

Hace poco estuve en Vilches, un pueblo de la provincia de Jaén cercano a Linares, donde me alojé en compañía de mi novia y de mi hermana. El motivo del encuentro fue una boda: se casó Carmen, la hija de una amiga de mi madre. De esas amigas, supongo, que se cuentan con los dedos de las manos.
En este sentido, conversé con mi novia, hará unos pocos días, acerca del valor de la amistad. Lo hice, es verdad, en un momento de desánimo personal. El desaliento puede que haga fértil el ejercicio, por ejemplo, de la escritura creativa (esta hipótesis, lejos de ser mía, la sostuvo el propio Aristóteles al preguntarse por qué la "melancolía" afectaba con más frecuencia a quien desarrollaba el intelecto). Llegué a la conclusión de que los verdaderos amigos no sólo suelen reducirse a dos, o tres a lo sumo, en la vida de una persona (así lo expresa Carlos Castilla del Pino en el primer volumen de sus memorias, Pretérito Imperfecto). El resultado de mi reflexión apuntó a que, más bien, no se suele gozar de un solo amigo verdadero a lo largo de la vida.
Esta pesimista convicción (por fortuna, pasajera: exagero cuando me deprimo) tiene algo de barojiana, lo que no está de más resaltar en este blog al que titulé con una alusión al novelista español. Me refiero a las divagaciones de Baroja, por ejemplo en su ensayo Juventud, egolatría, que le llevan al descarado pensamiento de que el hombre demuestra una sensación oculta de gozo al conocer la desgracia de un amigo. Como siempre, la sentencia de Baroja no guarda ningún tipo de miramiento. Por eso escandaliza y le crea enemigos insalvables. No quiero estar de acuerdo con Don Pío en su deducción lógica de que el hombre es por naturaleza malvado. No lo estoy. También algo de razón tiene Andrés Trapiello cuando, en un artículo que publicó no hace mucho en El País, define a Baroja como un burgués desengañado al que todo le repugna. Pero, por incomprensible que le resulte a quien no ha leído nada a Baroja, ésa forma parte de sus cualidades más apreciadas: el desencanto que lo libera de la hipocresía social, aunque también de lo bueno que puede reservar a cada uno la convivencia humana.
Trapiello aclara este aspecto en ese artículo. Comprender a Baroja no es fácil; quien lo logra, entiende algo mejor nuestra naturaleza. Por eso su aportación literaria no debe nunca subestimarse.

Sunday, July 02, 2006

Fútbol y Periodismo

El segundo partido de hoy, cuarto y último antes de las semifinales de la Copa del Mundo de Fútbol de 2006 en Alemania, merece la aprobación del aficionado más exigente a este deporte. No ha habido fraude. Espléndido fútbol de Francia coronado por la actuación sobresaliente de su estrella, Zinedine Zidane.
"Zidane es el fútbol": ¿simple metáfora o brillante síntesis de la mejor manera de entender este deporte? Su autor, Jorge Valdano, no acostumbra a ser preciso con el verbo. Aquí sí lo fue. Ni que decir tiene que quienes daban por "acabado" a Zidane, o a Ronaldo por otras razones y a tantos otros, se equivocaron. O, más bien, se dieron de bruces con su intento de aminorar la envidia que les crean quienes hacen del talento su forma de vida.
La interpretación del fútbol se revela, en éste como en otros partidos, como una curiosa manera de comprender al género humano. En este sentido, no debe extrañar la intrusión del analista del balompié, no en la Ciencia, claro está, pero sí en las Humanidades, tal y como quise decir en mi anterior escrito. Valdano fue pionero en esta intrusión al publicar un artículo sobre fútbol en una revista para la elite intelectual: Revista de Occidente. En general el ejercicio de hermenéutica de un deporte merece un lugar en la divagación del mundo de las letras, no ya en el científico.
Por otra parte, se achaca al periodista, en este caso al especializado en deportes, una visión superficial, si no mezquina, de la realidad. Sucede que el periodismo obedece a las reglas de todo negocio, es decir, a la resolución práctica de un solo problema: cómo hacerse con el dinero. Pero ello no obsta para que el periodista que atesora talento (como sucede con el jugador de fútbol) termine por sacarle partido más allá del rédito capitalista propio o del empresario. Cada vez hay más vías de escape para esta escenificación del valor del buen periodista. Internet conforma una de ellas, aunque no la única.
Alguien me dijo que el periodismo sólo resulta valioso si se ejercita como actividad complementaria a otra área del conocimiento. Puso de ejemplo a Javier Sampedro, biólogo y periodista dedicado a la divulgación científica en El País. No estoy seguro. La capacidad de hacer comprender al gran público la complejidad de los hechos circundantes o aislados precisa de un esfuerzo continuado. No hay actividad banal, irrelevante o mediocre que exija dedicación, tiempo y energía como, de hecho, lo exige el oficio del periodista. Que se lo pregunten a un redactor cualquiera.

Saturday, July 01, 2006

El rostro transparente

La fortaleza mental de un jugador de fútbol puede entreverse en los instantes previos al lanzamiento de un penalti. Basta fijarse en su rostro: no engaña. Los futbolistas ni son ni tienen por qué ser actores, esto es, rara vez logran fingir el grado de autoconfianza en un momento decisivo. Lo mismo le sucede a casi cualquiera.
Por ello resulta grato al espectador de este Mundial de Alemania ese ejercicio que recrea en el reflejo ajeno de los sentimientos los de uno mismo. La mueca de sonrisa del veterano Cafú, de Brasil, mientras escucha el himno de su patria con una mano en el corazón y la otra en la cabecita de un niño; la del jugador argentino que yerra el primer penalti contra Alemania en los cuartos de final; la de su compatriota después de fallar el otro, el decisivo, o, en fin, la de Villa justo antes de marcar el gol a Francia, ilustran lo que sienten de verdad. No hay máscaras que lo encubran. La cuestión reside en que, de acuerdo con esa revelación de su estado mental, así responden en su cometido. Villa, Ronaldo o Zidane han mostrado un rasgo común antes de sus recientes éxitos: la confianza. Cada uno a su manera ha conseguido esa facultad. Ninguno sin pagar un precio por ella, porque la madurez brota del sufrimiento.
Un buen ejemplo puede ser Ronaldo, la gran estrella brasileña. Sólo un reparo a su capacidad de superación: la inexorable entrega al sistema mundial del mercado. Pero eso no puede reprochársele ni a él ni a ningún otro deportista: mejor si el empleado también puede enriquecerse. Integrado, como todo hijo de vecino, en la sociedad de su tiempo, ha sabido superar sucesivas lesiones del tendón rotuliano de su rodilla y otras tantas operaciones. Una limitación accidental muy grave. Como él mismo confiesa, ha debido luchar contra una legión de periodistas y personas de su entorno que le dieron por perdido para siempre. Su imagen llorosa al caer fulminado con la camiseta del Inter de Milán representó, para muchos, su despedida definitiva del deporte que le ensalzó e hizo famoso en todo el mundo. Los médicos refutaron las tesis más pesimistas sobre su futuro. Sólo él, en realidad, creyó en su recuperación.
Tiene razón el cronista de El País, Santiago Segurola (parece que la nueva dirección del rotativo le destinará, en breve, a la sección de Cultura como Redactor Jefe), en su reflexión de que Ronaldo ha pagado el precio de la lesión al dejar de ser un jugador que desequilibra el juego desde cualquier posición del campo. Pero que, como contrapartida, conserva la capacidad de golear. De rematar la jugada que otros (él ya no) elaboran. No es un mal balance después de dársele por perdido: en este Mundial ya se ha convertido en el máximo goleador de la Historia de los campeonatos del Mundo.
La casta de Cafú; la seguridad de Ronaldo; la ansiedad del grupo español, aún demasiado joven... Se trata de algunos retazos de circunstancias reconocibles en la vida de toda persona. "En el fútbol aprendí la Leyes de los hombres", reza una frase de Albert Camus, quien amaba este deporte y llegó a practicarlo como portero. No le faltan razones a personas de la actualidad, como Jorge Valdano, Javier Marías o el propio Segurola para hacer del fútbol un motivo de discusión filosófica. No hablamos, pues, de Ciencia. Sí de Humanismo.