LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Saturday, July 08, 2006

MUJER Y TORMENTO

Leo Limbo, novela de Aldous Huxley que trata de un personaje, Dick, preso de una crisis de identidad sexual. Dick ha llegado a la conclusión de que su personalidad guarda una horrible condición de ser hermafrodita. Horrible porque esa condición le tortura. Incluso parace más bien aquejado de una esquizofrenia que le hace incapaz de controlar a su otro yo, el femenino, la parte de su persona que escribe novelas feministas de gran éxito por las noches. Durante la mañana, su parte masculina se dedica a tareas más sesudas, según Huxley, propias de una mente dotada para el cálculo matemático y la divagación filosófica e intelectual.
Curiosa perspectiva ésta de Huxley acerca del hombre, de la mujer y del absurdo (o, como mínimo, de la incógnita) de la existencia humana. Mientras apuro la lectura completa de esta novela en el Ateneo de Madrid, creo oportuna alguna reflexión sobre las diferencias del género masculino y femenino.
No sólo Huxley. Recuerdo ahora las palabras impresas de alguna obra literaria de Ramón y Cajal, el ilustre científico, acerca de la predisposición del varón a las divagaciones abstractas y a la crisis intelectual durante la adolescencia y primera juventud. Claro que también percibo la antigüedad insalvable de esas reflexiones de Cajal. Las escribió en el contexto de una sociedad española retrasada en todos los órdenes de la vida social. No era concebible entonces, como ahora, que la mujer emplease sus energías, por ejemplo, en las Humanidades o, menos aún, en la Ciencia. La realidad contemporánea ha desmitificado esa limitación femenina. Hoy la mujer española supera en número al varón en las aulas de las facultades. La tarea intelectual no queda reservada al interés de hombres aburridos. La ejercitan féminas capaces de sobrellevarla mejor.
¿Por qué se ha de sobrellevar la tarea intelectual? La respuesta reside en que esta actividad, al contrario que los trabajos manuales o la aplicación práctica de conocimientos técnicos, exige disciplina mental. Esta exigencia, a su vez, debe saberse combinar con la satisfacción de otras necesidades, también cerebrales, pero más instintivas: relación social, ejercicio físico, alimentación... La mujer, en mi opinión, se adapta mejor al entorno; combina con más garantías de éxito la exigencia del trabajo, incluido el de naturaleza intelectual, y la necesidad del recreo social y personal. De ahí la figura, tal vez más frecuente, del intelectual varón presa del tormento existencial.

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