LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Friday, July 07, 2006

HARO Y BAROJA

Un periodista especializado en Historia de España (más bien un investigador que estudió, según él por error, la carrera de Periodismo) resaltó en una conferencia sobre José Antonio Primo de Rivera el hecho de que, hoy en España, no se valora el mérito intelectual o académico. No le falta razón a su protesta: en efecto, la adoración del dinero eclipsa cualquier otro logro a los ojos de la sociedad. El asunto no guardaría trascendencia de no ser porque, quien no hace suya esa idolatría, corre el riesgo de perecer de inanición.
Hace poco otro periodista, éste de los curtidos en la Redacción de un gran periódico, destacó en una columna el consejo que Jorge Valdano, el ex futbolista, dio a José Ramón de la Morena, el director del programa radiofónico de deportes El Larguero: "Entre el hambre y la libertad hay que elegir". La máxima de Valdano coincide con la reflexión de Eduardo Haro Tecglen en la que debió de ser la última entrevista que le hizo un colega, el autor del libro Atados a la columna, una recopilación de encuentros con periodistas consagrados a quienes se les concede el privilegio de publicar una columna de opinión en un medio de tirada y difusión elevadas. Haro expresa en esa charla transcrita su convicción de que sólo el hambre justifica no mostrarse sincero ante el lector, espectador o escuchante. Eso debió de sucederle cuando, al parecer, suscribió postulados ideológicos propios del régimen franquista. Ello en una época, claro está, subyugada al dictador y que, también al parecer, puso en peligro la vida de su padre.
En este contexto entiendo la reacción airada de César Alonso de los Ríos ante una pregunta que le hice en la Facultad en que me licencié en Periodismo. Sólo quise aprovechar su visita para que nos hablara de su experiencia personal en la revista Triunfo, publicación histórica antifranquista, y, más en concreto, con sus entonces colegas Luis Carandell y el propio Haro Tecglen. Del primero sólo mencionó su sentimiento de respeto. De Haro arguyó con furia la prueba documentada de su incoherencia al haber exaltado las ideas de José Antonio Primo de Rivera en algún artículo.
Como todo el mundo que conoció a Haro Tecglen sabe de sobra, este periodista llegó a ser un maestro del oficio y de la interpretación perspicaz de la vida social y política españolas y, en general, del mundo. Lo hizo cada día -salvo los domingos- en el diario El País, en la última etapa de su vida, que concluyó hace muy poco. La muerte le sorprendió con su columna habitual del día ya hecha. Quienes le seguían saben que esa columna, bajo el cintillo que rezaba "Visto/Oído" y ubicada, aunque nadie sabe por qué, en la sección de Televisión y Radio del periódico, podía ser suficiente excusa por sí misma para la compra del diario. No pocos la echan de menos. Tampoco faltan quienes no soportaban su desvergüenza, propia de quien ha vivido lo suficiente como para expresar con desparpajo cuanto piensa con toda sinceridad. Hacer esto, aún hoy, aquí y en cualquier otro país, no se perdona por muchas personas poderosas. Encuentro en este aspecto un rasgo biográfico de Haro comparable a la personalidad de Pío Baroja. Al igual que a éste, a Eduardo lo han tachado de huraño, resentido, traidor, contradictorio... Al contrario que Baroja, Haro soportó el fracaso de la relación con la mujer o, mucho peor todavía, la muerte de los hijos. Cómo llegaron al desengaño vital ambos no puedo saberlo. Sí creo, en cambio, que había algo de bondad y de humanismo en esa conducta compartida. Tal vez la animadversión no se dirigiera, en estos dos hombres, hacia sus semejantes, sino hacia el mundo que se les exige soportar.

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