LÍNEAS BAROJIANAS

Entrenamiento periódico de un humilde periodista

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Location: MADRID, MADRID, Spain

Periodista.

Tuesday, June 26, 2007

Libertad y Periodismo

Escucho un debate en Telemadrid sobre el ataque a las tropas del Ejército español en Líbano, que iban allá "en misión de paz". Entiendo casi todas las opiniones que escucho, lo que no quiere decir, claro está, que las comparta. Conozco, incluso en persona, a algunos de los periodistas que participan en el debate que modera Ernesto Sáenz de Buruaga. Sólo puedo decir, a primera vista, que percibo un considerable contraste entre la autoridad intelectual de algún invitado, como Gustavo de Arístegui (PP), y algún que otro colega (dado que también soy, en efecto, periodista).
Poca cosa puedo deducir de lo escuchado, salvo la confirmación de la existencia de corrientes de opinión que canalizan los medios y seguimos, sin más remedio, quienes trabajamos para ellos. A veces puede coincidir la línea editorial con lo que uno piensa, eso sí: algo que, me atrevo a presuponer, sucede poco y, cuando lo hace, se acompaña de la premisa de que el periodista, curtido en el oficio, puede optar por el medio que le dé de comer.
Salvo algunos colegas que disfrutan de este lujo, lo habitual pasa por plegarse ante las exigencias del director, empresario o programador; de quien proporciona el capital, en suma. No creo errar al generalizar en este punto y advertir de que, la totalidad de los medios de comunicación, obedece a estas condiciones en su funcionamiento. Queda, no obstante, la razonable confianza en la libertad individual e insobornable que sí puede expresarse en ocasiones incluso en el medio para el que se trabaja. Y tampoco debe descartarse la posibilidad de un periodismo independiente: hacerlo equivale a sucumbir al sinsentido de la vida. Como ésta y reflejo de ella, la labor del periodista puede, en un momento dado, encaminarse a su verdadero fin: el servicio solidario al otro dándole aquello que le es útil para dotar de significado su existencia. Significación en pro de la creencia en el hombre sin más: en su capacidad para vencer el absurdo y ser, en fin, libre.

En busca de la paz

No me extraña que un británico rico y culto como fue Aldous Huxley -además de muy inteligente, algo que suele llevarse escrito en los genes y a ellos debe atribuirse en buena parte, aunque no toda-, evolucionara, en su trayectoria vital e intelectual, de un pensamiento racionalista occidentalizado a otro más confiado en la cultura oriental.
Tal vez por saturación o simple recelo a lo ya conocido, siento, como debió de sentir (en un grado de perpepción muy superior, claro está) este famoso novelista, una atracción irremediable hacia la filosofía oriental como panacea y culminación de la existencia. Hace poco hablaba, en este mismo blog, de la imagen histórica de un monje budista que se dejaba quemar el cuerpo como acto de protesta. Un amigo me explicó, al comentarle mis dudas sobre un acto tildado de "execrable" por un lector de mi escrito, que, en la cultura budista, no se concibe el cuerpo como en la cristiana, de tal manera que deshacerse de él no resulta pecaminoso ni reprochable, como lo entendemos los educados en el cristianismo. Yo insisto en el autocontrol espectacular de ese monje como prueba de un estado mental superior al de otros hombres y, en consecuencia, tan inquietante como digno de merecer el calificativo de heroico. Tal vez Huxley, que experimentó con la mescalina como forma de percibir realidades ultrasensoriales, buscase en culturas como la budista un contrapunto al nihilismo de la filosofía en Occidente, aquejada del horror de la nada cuando en ésta puede residir el "todo", como ya reflexioné días atrás.
Así lo considera el pensamiento oriental, ignoro si el budismo en particular. Puede que la visión desde fuera de ésta y otras religiones, como la cristiana o la judía, ayude a entender la historia de una búsqueda interminable. La de la paz interior.

Friday, June 22, 2007

Rémoras de Haro

Una tertulia radiofónica puede resultar grata mientras se friegan los platos. Desde luego, mucho más que la visión vegetativa de un reallity show televisivo pongamos que un sábado por la noche. En este caso, no menos de tres periodistas conversaban, no recuerdo en qué emisora, acerca de la implantación de la asignatura "Educación para la ciudadanía" como alternativa a la de religión católica.
Sorprende, como señalaba uno de los contertulios, que Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, se haya apresurado, al parecer, a confirmar que, de ganar él y su formación política las próximas elecciones generales, esa asignatura desaparecería. Esto es, se replantearía por enésima vez la estructura y contenido de la Educación en España.
No resulta desafortunada, ni mucho menos, la inexorable alusión de otro de los comentaristas al franquismo y a las imposiciones de la jerarquía eclesiástica en aquella formidable época (y digo "formidable" en su verdadero sentido y significado, a saber: "Que puede o debe ser temido"). Cuánto añadiría a esa conversación el fallecido Haro Tecglen. Su recurrencia a los años de la dictadura podía parecer tan excesiva como incomprensible, ante todo para los integrantes de las generaciones que no vivieron con Franco en el poder. Me encuentro, por los pelos, entre éstas (nací el mismo año en que murió el dictador: 1975) y yo sí comprendo, en todo caso, los complejos y muy humanos motivos del brillante periodista para pensar como de verdad lo hacía. Cosa distinta es que su pensamiento careciera durante mucho tiempo, como el de tantos otros, de su merecida libertad de expresión.

Thursday, June 21, 2007

Vocación y aprobación

¿Escribo por vocación o por vanidad? A este dilema me propongo responder en no más de diez minutos manejando el teclado de mi ordenador. Vaya por delante que, pese a que no dudo de mi deseo originario de escribir, tampoco desprecio la valoración ajena de lo que plasmo por escrito. Aquí reside, de hecho, el nudo de la cuestión que tal vez deshaga.
Uno escribe llevado por la emoción de que otros le reconozcan importante, no sólo por lo que dice, sino por cómo lo dice. Fondo y forma configuran un escenario sobre el que el público puede juzgar a otra persona, o hacerse una idea -siempre subjetiva- de ella.
Esta subjetividad del juicio ajeno basta por sí sola para hacer entender al escritor vanidoso que, tal vel, lo que le incita a ejercitar la escritura parte de su ego, de su necesidad de vanagloriarse ante los demás, y no, por lo tanto, de una acción destinada al propio y exclusivo disfrute de la tarea en sí misma. Como suele decirse en tono coloquial, hacerlo "por amor al arte", sin espera de más (ni menos) recompensa que reencontrarse con lo que uno quiere, de verdad, hacer y, por extensión, ser.
En mi caso se dan, creo, las dos características descritas, a saber: el gusto por la aprobación ajena de mis escritos, y, sin duda, el hallazgo de parte de lo que uno quiere hacer y ser en la vida. A esta tarea debo consagrarme por encima de la primera. Incluso a su costa.

Monday, June 18, 2007

El relevo de Haro

Echo de menos en el diario El País la columna de Haro Tecglen, de título "Visto / Oído", legible en las páginas de televisión y radio del periódico del Grupo PRISA. Este periodista, ya fallecido, poseía una perspicacia poco frecuente en el gremio. La experiencia indudable que le acompañaba, no ya como profesional del Periodismo, sino como ser humano comprometido y sufrido, blindaron su sensibilidad de tal manera que podía mostrarla al gran público con la espontaneidad de un genio que toca una partitura con cinco años. Es decir, escribía y hablaba como si se lo dictara una musa, sólo que la genialidad no partía de un don extraordinario, sino de una habilidad lograda, eso sí, a partir de una predisposición a la inteligencia y al humanismo.
Ahora la sustituye una columna de cuyo autor no me acuerdo. Ésta si versa, al parecer, de los dimes y diretes televisivos. De la nada, que es lo mismo, porque poco puede crearse a partir de una programación intelectualmente baldía. Cuánto extraño la poderosa crítica del verbo de Haro: quienes lo odiaban deben de celebrar su ausencia. Otros, empero, tomarán el relevo.

Friday, June 15, 2007

Pasiones de Cuba

Acaban de regalarme la biografía de Fidel Castro escrita por Norberto Fuentes, quien, al parecer, fue amigo y colaborador del dictador caribeño hasta que dejó, en efecto, de serlo y abrazó la posición contraria a la de la denominada revolución castrista. Mucho se ha escrito en los últimos meses de este formidable dirigente, capaz de alcanzar metas inigualables en la historia universal contemporánea.
Hace poco leí un artículo esclarecedor en El País sobre este asunto, el de Fidel reconvertido en objeto de múltiples recopilaciones historiográficas. La reciente Feria del Libro de Madrid, que aquí se celebra entre finales de mayo y principios de junio (en Cuba, por otro lado, el encuentro más celebrado con la cultura impresa tiene lugar en el mes de febrero), ofrecía en algunas de sus casetas estos ensayos y biografías de reciente publicación. Las hay, como escribió el autor de ese artículo al que he hecho referencia, que legitiman el gobierno de Castro; otras lo aborrecen y tampoco faltan las que se quedan a medias de una y otra posturas. Sólo sé que mi sensación sobre la historia de esta isla en el último medio siglo continúa inmersa en una nebulosa. Tras ésta pervive la proyección de una corriente ideológica y política que apela a la emoción y la moldea a su conveniencia. Tal vez sea hora de condenar la inaceptable ausencia de libertad de expresión y de acción que sufre y padece el ciudadano cubano. Tal vez también sea el momento de recapitular sobre alguna posibilidad civilizada de convivencia que rehúya el otro extremo, el del capitalismo promotor de una desigualdad inaceptable.

Tuesday, June 12, 2007

Frente a la nada

Habla una compañera del trabajo, no creyente, de la muerte como un estado deseable. Argumenta, desde un insólito ateísmo, que, en esa situación (como si hubiera lugar o dimensión algunos: he aquí la evidente contradicción) "descansaremos eternamente". Esto es, el nihilismo expresado con las formas del cristianismo. Curiosa paradoja.
Resulta recomendable para esta chica el célebre ensayo de Miguel de Unamuno Del Sentimiento Trágico de la Vida. A partir de su lectura tal vez comprenda que el verdadero horror dista mucho de la existencia, por muy horrenda que ésta pueda ser. Al menos, es. La nada no es, y en ella radica la naturaleza de la inmensa tragedia a la que estamos abocados.
Por otra parte, la filosofía existencialista defendida, en su momento histórico, por Jean Paul Sartre, hila muy bien con este discurso inspirado por una tertulia de sobremesa. El existencialismo es un humanismo responde al título de un famoso discurso escrito por este pensador y resuelve, por sí solo, una concepción del mundo comprometida. ¿Cómo puede comprometerse quien sabe que camina hacia la nada, quien percibe el carácter absurdo de la existencia? La respuesta, para mí, se halla con más facilidad que en el caso de tener que responder a la quimera de si hay otra vida de ultratumba. Nuestra presencia en el mundo, incuestionable dado que pensamos y existimos, puede tener el sentido que nosotros le atribuyamos. Es más: nuestra obligación, desde la óptica existencialista, pasa por otorgarle ese sentido, aun a sabiendas de que parta de nuestra mente cual invención imaginaria. Sólo podrá tildarse de inútil la pasión humana -de acuerdo con una de las acepciones sartrianas más difundidas- con vistas a su destino inevitable. Pero sí hay utilidad mientras se vive. Basta con eso.

Sunday, June 10, 2007

Coherencia y acción

Acabo de concluir la lectura de un breve ensayo sobre Jean Paul Sartre. Se trata de una curiosa colección, que citaré a su debido tiempo (resulta probable que lea los escritos del mismo autor sobre otros filósofos), en la que se apostilla el nombre del pensador con el lema "en 90 minutos". Vervigracia, "Sartre en 90 minutos".
Aparte de dar una idea contextualizada y muy bien documentada sobre Sartre, su lectura proporciona al lector una crítica de los puntos débiles del ilustre profesor francés. Por ejemplo, transmite la realidad de que "pasó de moda" años antes de morir. O al menos lo hicieron las corrientes filosóficas que defendía, en concreto la bautizada como existencialismo.

Uno de los gestos, en fin, que siempre me llamó la atención de la biografía de Sartre, muy difundido, recae en su negación a recibir el premio Nobel de Literatura, el cual (cosa curiosa), no le fue ofrecido "por sus escritos filosóficos y políticos", según me descubre este librito que cayó hace poco en mis manos, sino por un relato autobiográfico. El empecinamiento de Sartre en continuar su coherencia rechazando tan preciado galardón, sólo puede deberse a uno de estos dos motivos: o la poca estabilidad o salud mental (cosa que no me consta que esté documentada); o, por el contrario, el coraje personal de llevar a la acción su pensamiento (cimiento, por cierto, del razonamiento existencialista). Me inclino por esta segunda posibilidad.

Límite y Filosofía

Me llegó por medio del correo electrónico una recopilación de fotografías históricas, iconos que han perdurado en la memoria colectiva por su hondo significado: la mirada al infinito de Ernesto Guevara, el Che; el jefe de policía que dispara sin miramientos en la sien a un guerrillero del Vietcong; el beso apasionado (y, al parecer, simulado) en una calle de París... Entre todas ellas, hay una que estimuló mi ansia por el logro personal del autocontrol: la del monje Thich Quang Duc (1897-1963) que se suicidaba quemándose como gesto brutal de protesta al tiempo que su mente lograba aislar su ser del dolor en esa insoportable circunstancia.
De acuerdo con lo leído, de esta inmolación procede el término "quemarse a lo bonzo", ya que a los monjes busdistas vietnamitas, como Quang Duc, también se les conocía por ese apelativo. La cuestión, más allá del valor simbólico de su descontento (que imitaron otros monjes), reside en la capacidad volitiva que demostró esta persona heroica. A los ojos del científico, puede resultar asombroso el control logrado por la conciencia sobre la percepción nerviosa que nace y desemboca en el cerebro. Cabe preguntarse qué es la conciencia. Tal vez una facultad más del sistema nervioso central que, aparte de convertirnos en materia autoconsciente, nos otorga el valioso instrumento de modular hasta el infinito la fisiología del organismo. Rebasado el rigor que exige la Ciencia, la Filosofía recoge el testigo en este punto.

Thursday, June 07, 2007

El bando de la libertad

He escuchado al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la entrevista que le ha hecho Iñaki Gabilondo, el famoso periodista, en el canal del Grupo PRISA Cuatro, hoy por la noche. Dicen en mi casa que "se le ve muy dolido" o, más aún, poco menos que "muerto de pena". Trataré de resumir cómo le he visto yo mismo.
Por supuesto, el presidente debe de estar dolido; pero no lo deduzco, ni mucho menos, de esta entrevista, sino del sentido común que parte, eso sí, de la idea de que se trata de una persona exenta de maldad, al menos de carácter patológico (líderes psicópatas ha habido y habrá a cientos). Ese sentido común me lleva a la conclusión inequívoca de que, no sólo Zapatero, sino todo ciudadano español acapara hoy suficientes motivos como para sentirse desalentado: el intento de poner fin a la pesadilla de ETA ha fracasado de manera definitiva.
No resulta menos cierto que ese fracaso ya se dio cuando voló una furgoneta repleta de carga explosiva en el aeropuerto de Barajas, hace apenas unos meses. Sin embargo, sí existen razones para certificar ese fracaso, sólo que no estriban, como puede parecer, en que ETA haya transmitido su retorno a la violencia por medio de una web o de una publicación (como si ese regreso no se hubiera producido ya). Los motivos del cambio cualitativo identificable con la fecha en la que escribo estas líneas radica en la constatación (incluso previa al comunicado etarra) por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del rearme de los asesinos y de su predisposicion a la acción más o menos inmediata.
Yo a Zapatero, como digo, no lo veo apenado, sino muy indignado: no consigo mismo, sino con el partido que lidera Mariano Rajoy. Los hechos dan la razón, en este caso, a la tesis del presidente de que él ha cumplido con su responsabilidad en el pasado, desde la oposición, y en el presente, desde el liderazgo del Ejecutivo. Rajoy debe ceder en este punto con total independencia de su grave desacuerdo con la política gubernamental. Como me dijo ayer con acierto un buen amigo, sólo una cosa está clara en este momento: los malos siguen siendo los mismos; los demócratas no pueden sino unirse frente a ellos. Ante el terror, nada puede anteponerse a la necesidad de un salvamento colectivo. El triunfo intencionado y mantenido del mal sólo concierne al desalmado, ni siquiera al psicópata, víctima de la enfermedad. Cualquier otro ciudadano está obligado a adherirse a un solo bando. El de la libertad.

Tuesday, June 05, 2007

Simbiosis rocambolesca

Me encontré con un colega, el pasado domingo, en la calle de Fuencarral. Regresaba él de Israel, de una visita organizada en la que, como resulta lógico, el gobierno de esta nación la promovía y ello condicionaba, al menos en parte, la visión que los periodistas pudieran tener de lo que se les mostraba.
No obstante, yo mismo le recordé que, a pesar de esa parcialidad inherente a cualquier actividad humana (más aún si se trata de una delegación gubernamental en una zona, al fin y al cabo, en guerra), él y los otros colegas pudieron observar y juzgar en consecuencia por sí mismos. Dicho de otra manera, la coartación de la libertad del periodista se ciñe a lo que después debe escribir o narrar, pero nunca mutila el pensamiento propio, sólo su expresión pública.
Puede parecer anodina y consabida esta apreciación. A mí me sirve, en todo caso, para saborear la satisfacción moral y personal de que no se me engaña cuando trabajo. Todo lo más, se me fuerza a hacer mi trabajo en el modo y forma requeridos por el interés del empresario. Pero siempre queda el resquicio insobornable de lo que uno percibe y cree. En ocasiones, hasta es posible "darle vueltas al lenguaje" de manera que se consiga decir lo que se opina de verdad sin contradecir por ello la tesis deseable por el propietario del medio. Una especie de simbiosis un tanto rocambolesca.

Monday, June 04, 2007

Comercio y emociones

Acabo de ver un vídeo en you-tube, el famoso portal-web comprado por Google donde el usuario se descarga todo tipo de filmaciones (con alguna excepción, si no me equivoco, como el caso de los contenidos pornográficos), de Coca-Cola. La bebida universal por excelencia ha recreado un puñado de lugares comunes para atrapar a un público objetivo del que formo parte: la generación española nacida en los años setenta del pasado siglo.
Mi nacimiento en 1975, el año en el que pereció Franco, me sitúa en un plano generacional paradigmático desde del punto de vista sociológico. En efecto, pertenezco a la "generación del baby-boom" y me identifico con esas zonas comunes que explota la marca comercial estadounidense. Pero ésta, como acabo de evidenciar, nada o poco tiene que ver con España, salvo el hecho de que pudiera venderse sin restricciones en la larga época de la guerra fría. Algo que comparte nuestro país con no menos de medio planeta y, en la actualidad, con el planeta entero, salvo raras excepciones.
En consecuencia, percibo la manipulación de elementos emocionales (las vivencias que compartimos los hoy treintañeros) con el fin lícito de la venta de un producto. Algo tan obvio que cuesta creer por qué aceptamos el juego ajeno con emociones que nos pertenecen. Nuestra vida, señores publicitarios, no se comercia porque carece de precio posible. Ni siquiera a nosotros nos pertenece. Dejen el pasado donde está: en la nada o, todo lo más, en el recuerdo. No comercien con nuestro pensamiento.

Saturday, June 02, 2007

Clímax sobre el césped

Hacía tiempo que no resistía viendo un partido de fútbol televisado casi completo. Las circunstancias me lo han permitido esta vez, pero si he empleado el verbo "resistir" es porque, sin duda, perdí hace unos siete años el hábito de disfrutar de este deporte, tanto en su práctica como en el seguimiento de los partidos y competiciones oficiales en nuestro mundo occidental (aunque me olvido de Japón, que está en Oriente aunque, eso sí, culturalmente "occidentalizado").
Jugaron Brasil e Inglaterra y empataron a un gol. Pude ver, previa a la ejecución del tanto británico, una magnífica acción a balón parado de David Beckam, que después cabeceó su compañero a la red. Este jugador, obsesivo y perfeccionista, guarda para sí (y para los demás) una insólita cualidad que ya apuntó Jorge Alberto Valdano, el famoso ex jugador hispano-argentino, a saber: la de ser una estrella mediática permanente excepto cuando sale a un campo de fútbol. Entonces se convierte en un excelente y muy trabajador jugador de fútbol, o sea, lo que en realidad fue desde el principio y continúa siendo.
Puede paracer una perogrullada sin sentido esta observación que rescato de Valdano, pero no es así: no resulta sencillo comportarse como el primer día en una profesión en la que se pasa de no ser nada a serlo todo; del vacío a la saturación. Beckam mantiene, en efecto, la naturalidad de un niño que juega a la pelota en una calle comarcal.
La felicidad oriental guarda como objetivo del éxtasis la capacidad de anular el pensamiento, detenerlo, dejándolo sin sustento y permitiendo así a su dueño la caricia del gozo de la nada, es decir, del todo. Se trata de un estado que supera el del autocontrol. Quien conserva la cabeza en su sitio ajeno a la presión circundante, como Beckam por poner un ejemplo curioso del mundo del fútbol, se halla apenas a un escalón (no fácil de traspasar, eso sí) del clímax de la realización profesional y personal.

Friday, June 01, 2007

Sobrevivir a la soledad

Tiene algo el descubrimiento del otro, en particular si responde al sexo opuesto al de uno. Me refiero a establecer relación con la persona, observar su sonrisa, tocarla y flirtear con ella haciéndola partícipe de una misma visión de la existencia, que se reduce a los mismos límites y se expande a las mismas grandezas tanto para uno como para el otro.
Las relaciones humanas se revelan, sin embargo, tan apasionantes como complejas y conflictivas. Claro que mucho más conflictivo le resultaría a uno soportar la vida en solitario como, de hecho, algunas veces sucede. No cuando uno vive o está solo, sin acompañantes físicos o virtuales. Hago alusión a la verdadera soledad, la del alma: nada tiene que ver, en efecto, estar solo con sentirse solo. Uno puede padecer la puñalada de la soledad rodeado de gente, incluso de miembros de la propia famila. Sólo el amor, una vez más, salva esta emboscada de la vida mundana, aunque también menoscaba la inmunidad al hachazo de la soledad, tal vez el recurso más socorrido para aprender a sobrevivir con el paso del tiempo.