Contradicciones
Partido Popular y PSOE se tiran los trastos a la cabeza en el contexto del juicio del 11-M. Uno piensa que tan verdadera fue la sutileza, no exenta de astucia, del ex ministro del Interior, Ángel Acebes, al informar aquel día de la apertura de "dos líneas de investigación" durante las primeras horas que siguieron al horrendo atentado de los trenes en Madrid, como, en efecto, el secretismo (apodado "de Estado") con el que el gobierno de Felipe González sobrellevó el turbio asunto de los bautizados como Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL).
Por tanto, ni unos ni otros; "ni chicha ni limoná", como decía mi antigua profesora de Literatura Española Contemporánea, Paz Díez Taboada, cuando se refería a la actitud de Pío Baroja ante la política. Tal vez este novelista fuera más inteligente de lo que muchos creen, además de listo y sabio. Si hoy viviera, no creo que sus opiniones se declinasen por un ideario definido, propio de un partido o de una formación política. Sería, todo lo más, una visión crítica con el Gobierno, con la oposición y contra casi todo lo que se mueve. Una filosofía que me recuerda a la del fallecido periodista Haro Tecglen. Sólo que las tragedias que vivió éste (la muerte de sus hijos, por ejemplo) hacen más comprensible su escepticismo ante la vida. Un escepticismo, sin embargo, tras el que ocultaba (también quizá el propio Baroja) su hondo sentimiento de amor por todo lo humano. La contradicción encaja con la complejidad de un ser perspicaz, humilde e inteligente.
Por tanto, ni unos ni otros; "ni chicha ni limoná", como decía mi antigua profesora de Literatura Española Contemporánea, Paz Díez Taboada, cuando se refería a la actitud de Pío Baroja ante la política. Tal vez este novelista fuera más inteligente de lo que muchos creen, además de listo y sabio. Si hoy viviera, no creo que sus opiniones se declinasen por un ideario definido, propio de un partido o de una formación política. Sería, todo lo más, una visión crítica con el Gobierno, con la oposición y contra casi todo lo que se mueve. Una filosofía que me recuerda a la del fallecido periodista Haro Tecglen. Sólo que las tragedias que vivió éste (la muerte de sus hijos, por ejemplo) hacen más comprensible su escepticismo ante la vida. Un escepticismo, sin embargo, tras el que ocultaba (también quizá el propio Baroja) su hondo sentimiento de amor por todo lo humano. La contradicción encaja con la complejidad de un ser perspicaz, humilde e inteligente.

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