Romanticismo
Una nueva entrega con El País, hoy domingo gratuita, inaugura una colección de relatos breves de autores de renombre universal en la Literatura. Ésta comprende Las tumbas de Sant Denis y otros relatos, de Alejandro Dumas (padre). He podido leerla en el parque Berlín, con mi novia, y su lectura me ha resultado sugestiva y muy propia del movimiento romántico en el que historiadores, filólogos y otros estudiosos la encuadran.
De Dumas-hijo leí, hace tiempo, la célebre novela desgarradora, sin duda también inmersa en el romanticismo imperante de la época, de título La Dama de las Camelias. La protagonista enferma de infección por tuberculosis, la enfermedad causada por el bacilo de Köck y que tan presente ha estado en las creaciones literarias del movimiento romántico, tal vez por su vinculación con el abismo de la muerte o de su amenaza.
Esta misma amenaza, la del fin de la existencia, inspiró bastante tiempo después, en pleno siglo XX, otra corriente filosófica y literaria, el existencialismo, que se caracteriza por la desgana y la desidia como estrategia derrotista e irreversible en un mundo desastroso. La amargura romántica exhalaba la pasión de los sentidos como estrategia, a su vez, de espantar todo temor al fin de la vida y, en consecuencia, apoderarse de la libertad total mientras haya esperanza. Sin ésta no hay vida sin necesidad de morir siquiera.
De Dumas-hijo leí, hace tiempo, la célebre novela desgarradora, sin duda también inmersa en el romanticismo imperante de la época, de título La Dama de las Camelias. La protagonista enferma de infección por tuberculosis, la enfermedad causada por el bacilo de Köck y que tan presente ha estado en las creaciones literarias del movimiento romántico, tal vez por su vinculación con el abismo de la muerte o de su amenaza.
Esta misma amenaza, la del fin de la existencia, inspiró bastante tiempo después, en pleno siglo XX, otra corriente filosófica y literaria, el existencialismo, que se caracteriza por la desgana y la desidia como estrategia derrotista e irreversible en un mundo desastroso. La amargura romántica exhalaba la pasión de los sentidos como estrategia, a su vez, de espantar todo temor al fin de la vida y, en consecuencia, apoderarse de la libertad total mientras haya esperanza. Sin ésta no hay vida sin necesidad de morir siquiera.

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